20 de Febrero de 2018

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CONSTRUYENDO UN SABER SOBRE LA GESTIÓN EN LAS EMPRESAS: GESTIÓN y PODER (PARTE II)

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En este artículo, continuamos reflexionando en torno a la temática del poder en las organizaciones.

Nos proponemos ofrecer una perspectiva más actual respecto de las formas clásicas de interpretar este tema (los grandes poderes; los poderosos; los poderes ocultos), para adentrarnos en aspectos más sutiles, menos evidentes de ejercicio del poder. Siguiendo a Foucault, la especialista española Julia Varela argumenta: 

“Cuando se habla de poder, la gente piensa normalmente en los políticos, en el gobierno, en determinados grupos o elites. Sin embargo, cuándo él habla de relaciones de poder, se refiere a todas aquellas relaciones existentes entre los hombres –ya sean amorosas, económicas, pedagógicas, o institucionales-, en las que unos tratan de orientar, conducir e influir en la conducta de los otros” (1).

En ocasiones, suele haber resistencias para abordar la temática del poder. Pareciera ser un tema tabú que refrenda aquella frase tan popular: “de eso mejor no se habla”.

Desde nuestra perspectiva, entendemos resulta fundamental seguir pensando en torno al binomio poder / identidad del empresario MIPyME; no sólo en su acepción vinculada a la capacidad de hacer, de crear, de transformar, sino también, en aquella dimensión vinculada a la autoridad, al ejercicio de una “dominación” sobre otro/s. 

Podemos aproximarnos a la problemática del poder a través de una doble vía. Por un lado, el ejercicio del poder trae de suyo consecuencias prácticas al interior de una organización. Otra alternativa, es abordar este tema desde el marco de la teoría. Una y otra posibilidad, dialogan sinérgicamente consolidando un ir y venir de flujos, tensiones, opacidades y luchas, que hacen que esta problemática sea de enorme trascendencia en el devenir cotidiano de las instituciones.

Las conceptualizaciones en torno al poder y la importancia que se le asigna en el funcionamiento de las organizaciones son diversas. Desde nuestra perspectiva, el tema del poder es central para comprender ciertas modalidades de gestión. La/s forma/s en que se lo concibe y se lo “administra” tiñe la vida cotidiana de la empresa impactando en su productividad y en el clima de trabajo diario.

Si acordamos que una empresa –entre otras posibles definiciones- puede ser caracterizada como un espacio de experiencias en el que conviven múltiples actores y en el que el poder se expresa en forma permanente, cabe entonces preguntarnos: 

¿Qué entendemos por poder?

¿Para qué sirve tener poder?

En una organización ¿hay uno o varios poderes? 

Trataremos de ofrecer una respuesta provisional que nos ayude a seguir reflexionando sobre el tópico: gestión – poder.

Desde la perspectiva teórica que asumimos, el poder es una relación que atraviesa todos los vínculos sociales. No está localizado ni tiene un solo origen; es múltiple y omnipresente. No tiene existencia por sí mismo sino en una red de relaciones y supone la potencialidad de prohibir o proscribir la conducta de los actores. Hay poder en las relaciones familiares, en los hospitales, en las oficinas, en las fábricas, en las empresas, en los partidos políticos, en la escuela, en una cancha de fútbol, etc. Por supuesto que no todos comparten la misma proporción de poder. Pero si asumimos una perspectiva crítica respecto de su uso, estamos en condiciones de plantear por lo menos dos cuestiones. 

En primer lugar, todos somos portadores de poderes. Por otra parte, las relaciones de poder tiñen todos los vínculos, incluso los amorosos. Esto no implica que nuestros poderes sean todos iguales ni que todos seamos igualmente participantes

Así, una empresa, los vínculos que en ella se construyen y las decisiones que se toman cada día constituyen redes de poder. Muchas veces, las empresas son descriptas como ámbitos neutros, exclusivamente dedicados a la fabricación o comercialización de algún bien específico. Pero la perspectiva teórica que asumimos, nos inscribe en otro lugar. En ese sentido, consideramos relevante hacer visible la pluralidad de poderes que conviven al interior de una MIPyME en particular si ésta es una empresa familiar.

Plantear la existencia de una red de poderes no significa desconocer la centralidad que le cabe al dueño, o bien, al equipo de Gerencia en la toma de decisiones en la organización. Implica reinterpretar las clásicas visiones (2) en torno a la problemática de la gestión y considerar que todos los actores poseen una “cuota” de poder aunque al mismo tiempo sepamos, que las relaciones de intercambio se fundamentan en una lógica asimétrica

Gestionar significa en buena medida, negociar en forma permanente. Ya sean los proveedores, los empleados o los clientes, la urdimbre de experiencias que se suceden en la cotidianeidad de una empresa hace del vínculo GESTIÓN - PODER una sociedad compleja y a la vez, fascinante. Y es en esa línea argumental que recuperamos algunos de los interrogantes que formulamos al comienzo del texto: 

¿Por qué abordar el tema del poder en las MIPyMEs?
¿Por qué, en la construcción de un saber en torno a la gestión de las empresas hay que considerar a este tema?

Nos habita la certeza respecto a que el empresario del siglo XXI necesita revisar sus representaciones en torno al vínculo gestión – autoridad si es que se propone conducir a su organización de manera más flexible, tramitando con toda la riqueza posible la complejidad de lo cotidiano. 

Estamos convencidos que un empresario consustanciado con las dinámicas de gestión del nuevo milenio puede construir una autoridad “tolerante” fundada en la pluralidad de intereses y perspectivas que conviven en su organización.

La gestión empresaria del siglo XXI necesita con urgencia superar viejos estilos de gestión sustentados en la sumisión y la obediencia para afianzar otros posibles liderazgos que conjuguen de manera creativa, la experiencia del saber – hacer (oficio), la vocación por aprender (lo que aportan las generaciones más jóvenes) y la capacidad de diálogo (nuevos modelos de comunicación y participación intrainstitucional) que transformen gradualmente a las micro, pequeña y medianas empresas en organizaciones no sólo inteligentes sino también, humanizadas.

(1) Varela, J (1993). Foucault y la Educación. Edit. Morata. Madrid.

(2) Las versiones clásicas sobre el poder sostenían que existía una fuente única u origen del mismo, ya fuera la ley o el sistema económico. Es decir, la noción de poder hacía referencia a “algo externo o exterior” a la persona. Por ejemplo, en términos metafóricos hemos escuchado muchas veces las siguientes expresiones: “el sillón de Rivadavia”; “tener la manija”; “el as de espada”; “el teléfono rojo”; “una banca en el Congreso”. Todos comentarios que suponen que el poder reside afuera, en otros, impidiéndonos reconocer la/s capacidad/es que en este tema tenemos. Lo que M. Foucault denominó hace ya varios años “poder omnipresente” o “la microfísica del poder”. Véase Foucault, M (1988). Vigilar y Castigar. El Nacimiento de la Prisión. Edit. Siglo XXI. México.

 

Claudia Beatriz Cao es Magíster en Gestión de Proyectos Educativos. Universidad CAECE. (2008). Título de la Tesis: “Las Reformas del Gobierno y la Gestión del Sistema Educativo: Debates Parlamentarios de la Ley Federal de Educación (1993) y de la Ley de Educación Nacional (2006)”. Calificación: Sobresaliente con Honores. Jurado: Dra. Mónica Pini; Dra. Ana Donini y Dra. María Irma Marabotto.

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