14 de Noviembre de 2018

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ALMA DE PINO

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Algunos de los pinos longevos comenzaron a crecer hace 5 mil años, mientras Troya se fundaba.

Fueron golpeados por rayos, sepultados por nevadas, zamarreados por vientos y tormentas.

Sin embargo siguen ahí. Estudios recientes compararon el polen y las semillas de árboles de distintas edades y no encontraron diferencias en sus índices de mutación.

Incluso el tejido vascular estaba impecable en los ejemplares más viejos.

¿Cómo es posible esta suerte de inmortalidad biológica? La clave quizá se deba a una propiedad especial de los meristemas.

Se trata de zonas de las raíces y los tallos que alojan poblaciones de células madres que generan nuevos crecimientos.

Somos como los pinos longevos, nos azotan todos los vientos pero seguimos ahí con nuestra esencia a cuestas. Así transita nuestra alma el paso del tiempo.

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claudio@claudiopenso.com
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