Matías Tombolini http://www.somos-pymes.com Tue, 19 Feb 2019 06:42:07 -0300 Joomla! - Open Source Content Management es-es La actividad en el 2018 http://www.somos-pymes.com/columnistas/matias-tombolini/la-actividad-en-el-2018.html http://www.somos-pymes.com/columnistas/matias-tombolini/la-actividad-en-el-2018.html La actividad en el 2018

Luego de un 2017 de recuperación en el que el PBI se ubicó un 2,9% por encima del año anterior, las expectativas de crecimiento eran muy optimistas al comienzo del año corriente.

El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central (REM) arrojaba en enero un promedio de crecimiento del 3,1% para el 2018. En el consenso no cabían dudas de que, al fin luego de casi una década, se rompería la famosa “maldición” de los años pares: 2010 (+10.1%) y 2011 (+6%) constituyen el último par de años consecutivos de crecimiento.

Había fundamentos para sostener esas creencias. El 2017 cerró con un cuarto trimestre de aceleración de actividad (1% contra el tercer trimestre, que a su vez había crecido al 0,7%) dejando un arrastre estadístico de 1,3%. Incluso el primer trimestre de año en curso continuó el curso aceleracionista, con un crecimiento desestacionalizado de 1,1% respecto del anterior.

Pero el panorama cambió, o en términos más oficialistas, “la tormenta” ocurrió. Los mercados se complicaron, castigaron la mala praxis macroeconómica argentina con mayor vehemencia que al resto de los emergentes, precipitando el ajuste en los precios de los activos locales, incluyendo monedas, bonos y acciones.

Los efectos sobre la actividad no se hicieron esperar, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de INDEC, marcó dos caídas consecutivas en abril (-2.8%) y mayo (-1.4%).

En el mes de abril la caída estuvo liderada y casi exclusivamente protagonizada por el sector agropecuario, que decayó más del 30% interanualmente, debido a la sequía. En el mes de mayo la caída fue más repartida, con la industria manufacturera cayendo al -1.5% y Transporte y Comunicaciones al -4.9%.

La aceleración inflacionaria debido a la depreciación de la moneda erosiona el poder adquisitivo de los salarios, deprimiendo el consumo y dando pie a una extensión de la recesión. Al mes de mayo, los salarios acumularon un crecimiento de 8,3% al tiempo que la inflación en ese período fue de 11.9% mientras que en términos interanuales los salarios lo hacían al 24% con una inflación de 26,3%.

La inflación de junio del 3,7% no deja buenas perspectivas para la carrera entre sueldos y precios.

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La paz cambiaria de julio debería haber calmado las aguas pero agosto empieza con una batería de aumentos en los bienes y servicios regulados (transporte, luz, gas, prepagas) seguirán alimentando la inflación.

En este marco, la industria manufacturera en junio cayó interanualmente al 8,1%; petróleo (-19,9%), automotriz (-11,8%) y caucho plástico (-11,1%) lideraron esta caída. En término de expectativas empresariales, sólo el 13% de las empresas encuestadas por INDEC espera un aumento en el tercer aumento.

Esta corrección abrupta del tipo de cambio tiene otras aristas contractivas en el corto plazo. Por un lado, las elevadas tasas de interés que emergieron de la aplicación de control de agregados monetarios para contener la corrida cambiaria.

Por otro lado, estos episodios generan distribución de la riqueza hacia los individuos que tienen activos dolarizados, que en general suelen ser más frugales o bien canalizan la mayor parte de su gasto en el exterior.

Del lado fiscal, el acuerdo con el FMI impone una mayor disciplina que no se piensa cerrar aumentando impuestos (ya demasiado altos) sino con disminución de varios rubros del gasto público tanto real como nominal. La actividad sufriría de una “Doble Nelson” entre el apriete fiscal y la devaluación.

El lado “positivo”, si se le puede sacar algo a estos episodios contractivos, viene del lado del comercio externo. Las importaciones, que en gran medida dependen negativamente del tipo de cambio real y positivamente de los ingresos reales, mostraron una caída interanual del 7,5% en junio (primer rojo en 20 meses).

Esto aliviana parcialmente la restricción externa de la economía argentina, pero es sólo un paliativo de corto plazo para una estructura productiva que durante la última década no logró aumentar sustancialmente sus volúmenes de exportación.

¿Lo peor ya pasó?

De cara al 2019, que es un año electoral, la lógica indica que el gasto público no puede caer mucho. Dependerá de la voluntad del Gobierno de cumplir al pie de la letra el acuerdo con el FMI.

El dólar tuvo un julio pacífico y las tasas de interés acompañaron a la baja. Sin embargo, la decisión por parte de Hacienda de reducir el monto de divisas han traído nuevamente presión sobre el tipo de cambio. De todos modos, es importante la decisión de Hacienda, para comenzar una operatoria que se montó en el medio de una crisis cambiaria.

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mtombolini@somospymes.com (Matias Tombolini) Matías Tombolini Fri, 03 Aug 2018 16:15:54 -0300
Qué hay detrás de las reformas económicas que plantea el Gobierno http://www.somos-pymes.com/columnistas/matias-tombolini/que-hay-detras-de-las-reformas-economicas-que-plantea-el-gobierno.html http://www.somos-pymes.com/columnistas/matias-tombolini/que-hay-detras-de-las-reformas-economicas-que-plantea-el-gobierno.html Qué hay detrás de las reformas económicas que plantea el Gobierno

El fracaso de la sesión del jueves 14 de diciembre en Diputados, en la que se intentaba votar la Reforma Previsional, estuvo acompañado de un clima de represión que no le es gratis al gobierno.

La sesión fallida para el tratamiento de las reformas previsional y tributaria se había adelantado una semana, lo que da cuenta de la urgencia que tiene el Ejecutivo por aprobarlas antes de fin de año.

El proyecto que pretendía votarse forma parte de un paquete de reformas que sirven para profundizar el modelo económico, que planteó el gobierno luego de haber sido reafirmado mediante el voto popular en las elecciones de octubre.

Los proyectos se engloban bajo los títulos de reformas tributaria, laboral, previsional y el Pacto Fiscal entre la Nación y las provincias

Reforma Tributaria

Para el martes 18 de diciembre está prevista una nueva sesión extraordinaria para el tratamiento del resto de las reformas.

El oficialismo necesita sumar 23 votos para lograr las 129 adhesiones que necesita para asegurarse la aprobación de las leyes. Actualmente, cuenta con 106 integrantes.

El Ministro Nicolás Dujovne justifica los puntos de la reforma bajo el lema de que el actual sistema tributario es distorsivo. Hilando fino, podemos entender que todos los impuestos son distorsivos, aunque esto puede no estar necesariamente mal.

Lo que sí está claro es que hay impuestos más o menos regresivos que, a la luz de la Reforma presentada, apuntaría a que los últimos se fortalezcan por sobre los primeros.

En los últimos dos años, la participación el IVA, uno de los impuestos más regresivos del sistema, está ganando participación por sobre el de Ganancias: mientras que en 2015, cada $120 recaudado por IVA se pagaban $100 de Impuesto a las Ganancias; en el 2017 la relación es de $143 de IVA, cada 100 de Ganancias.

El Proyecto de Reforma del Sistema Tributario Argentino ya cuenta con media sanción del Senado. Debido a su extensión, me limitaré a analizar el efecto macroeconómico que implican sus principales propuestas: rebaja en los aportes patronales en sueldos brutos de hasta $12.000, reducción de impuesto a las ganancias para empresas que no distribuyan dividendos, autorización de la deducción del impuesto al cheque en ganancias y la neutralización de los impuestos en cascada.

La mayor consecuencia negativa a la hora de analizar este proyecto, es la profundización del desfinanciamiento del Estado Nacional y los Provinciales: sólo contando la rebaja de los aportes patronales por parte de las empresas, la transferencia al sector privado en cinco años alcanzaría un 0,4% del PBI.

Es decir que en ese lapso de tiempo, el Estado dejará de percibir aproximadamente $77.675 millones por contribuciones patronales, que se quedarán de mano del sector privado.

Además, por fuera de la Reforma Fiscal, se dictó por decreto la quita paulatina de las retenciones a la soja, que se hará durante el 2018 hasta eliminarlas completamente para el 2019. Esto aporta al desfinanciamiento, cuya contrapartida es un ajuste de gasto público y más toma de deuda.

La desfinanciación del Estado Nacional tiene como contrapartida una baja en la carga tributaria de las grandes empresas, con la justificación de que las mismas tendrán un incentivo a invertir y generar un efecto derrame al crear más trabajo, mecanismo en el que cuesta creer en esta coyuntura económica en la que la rentabilidad financiera es mucho mayor que la productiva.

Tal como sucede con el pequeño ahorrista en el contexto actual, el ahorro por parte de las empresas difícilmente se traduzca en inversión productiva.

En lo que se refiere a las provincias, la propuesta más importante es la neutralización de los “impuestos en cascada”, como son los que gravan a los cheques o el de Ingresos Brutos.

Los Ingresos Brutos aumentaron 1,4 puntos porcentuales con respecto al PBI entre 2006 y 2016. En las provincias, la recaudación impositiva significa el 44,8% de sus recursos totales, y el impuesto más relevante es el de Ingresos Brutos, que contribuye con un 76% de la recaudación total. De aprobarse la reforma tributaria, el costo fiscal para las provincias superará los 2,2 puntos del PBI en los próximos cinco años.

Si bien la eliminación de este impuesto significa un respiro para las PyMES relacionadas a la producción, ya que sufren la doble o triple carga de este tributo, va a desfinanciar a las Provincias, obligándolas a ajustar sus cuentas ya sea vía empleo público o bien endeudándose nuevamente, con el agravante de que las mismas no tienen la capacidad de emitir como sí lo puede hacer el Estado Nacional.

El resto de las reformas planteadas, agrupándolas en “seguridad social”, “renta corporativa” y “movimientos bancarios”, se pueden resumir en el siguiente cuadro:

Es interesante entender la contrapartida de la baja de impuestos, tal como hice foco en el principio de la nota.

Por otro lado, sería interesante hacer más foco en las fallas del Sistema Tributario Argentino, que allanan el camino para generar una alta evasión fiscal, lo que reduce los incentivos para aquellos que cumplen con el pago de los impuestos. Además, existe una reproducción sistemática de regímenes transitorios que comienzan como parches y se vuelven permanentes con el tiempo.

Pacto Fiscal

Uno de los principales puntos del Pacto Fiscal firmado por Nación y Provincias, cuyas leyes también aguardan una aprobación en el Congreso, se trata del tratamiento de la eliminación del artículo 104 de la Ley de Ganancias. El resultado dejó a algunas provincias más beneficiadas que otras, y a un claro perjudicado: el Fondo de Garantía de Sustentabilidad.

Para explicar un poco de qué se trata este punto, hay que remontarse a principios de los años noventa. En esos años, se destinaba el 20% de la recaudación del impuesto a las Ganancias al Sistema de Seguridad Social; 10% a la Provincia de Buenos Aires; 4% para el resto de las provincias distribuido por el Índice de NBI, otro 2% al Fondo de Aportes del Tesoro Nacional.

El 64% restante se coparticipaba entre Nación y Provincias. A partir del Pacto Fiscal de 1992, se estableció una detracción del 15% para el Sistema Previsional y, unos años después, se introdujo un límite al Fondo del Conurbano Bonaerense de 650 millones de pesos, para distribuir el resto del 10% entre las provincias que ya recibían el 4%.

Cuando se abandonó el régimen de convertibilidad, no se ajustó la suma de los 650 millones por la variación de precios y, actualmente, la PBA recibe menos del 1% del total del Fondo del Conurbano (FCB), que fue calculado en $64.000 millones estimado para 2018.

Para solucionar este desfasaje, el Pacto Fiscal propone eliminar el artículo 104 del Impuesto a las Ganancias, que refería a las asignaciones específicas para el Fondo del Conurbano, el Fondo de Necesidades Básicas Insatisfechas (FNBI) y la asignación de la ANSES, y volver a coparticipar el 100% del impuesto.

Buenos Aires quedaría como la principal beneficiaria del esquema, recibiendo $19,3 millones adicionales de forma automática. CABA también resultaría beneficiada porque, al no participar actualmente ni del FCB ni del FNBI, la coparticipación plena de ganancias mejoraría sus ingresos considerablemente (se calcula alrededor de $6 millones).

Para el resto de las provincias, lo que recibirán de adicional por la ampliación de la masa coparticipable por Ganancias no compensa lo que pierden por el saldo del Fondo del Conurbano. La principal provincia perjudicada sería Salta, con una caída de sus ingresos estimada en $2 millones que, de cualquier manera, el Gobierno Nacional compensará.

Además, se acordó direccionar el 100% del impuesto sobre débitos y créditos bancarios como compensación a la ANSES por la pérdida de esta eliminación. Existe una intención de eliminar este impuesto hacia el 2022, aunque no está planteado en la reforma.

Por último, el Gobierno compensaría a las Provincias que se encuentren perjudicadas con el nuevo sistema de transferencias corrientes.

Nuevamente, analizándolo en materia macroeconómica, la compensación por la pérdida de este fondo podría alcanzar los $17,5 millones en 2018, otra erogación por parte de la caja del Estado Nacional.

En contrapartida, el ANSES recibe, en el esquema actual, el 20% de lo recaudado por el Impuesto a las Ganancias. Por la cesión de los recursos coparticipables, recibe un 30% del Impuesto a Créditos y Débitos.

Para 2018, estos ingresos hubiesen representado alrededor de $115 millones. El Gobierno propuso compensarlo aumentando el beneficio del 70% al 100% de lo recaudado por el Impuesto a Créditos y Débitos, principalmente el Impuesto al Cheque. Esto permitiría compensar menos que lo que pierde (alrededor de $52.000 millones).

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mtombolini@somospymes.com (Matias Tombolini) Matías Tombolini Mon, 18 Dec 2017 12:19:59 -0300
Repunte brasilero: desafíos para las exportaciones argentinas http://www.somos-pymes.com/columnistas/matias-tombolini/repunte-brasilero-desafios-para-las-exportaciones-argentinas.html http://www.somos-pymes.com/columnistas/matias-tombolini/repunte-brasilero-desafios-para-las-exportaciones-argentinas.html Repunte brasilero: desafíos para las exportaciones argentinas

¿Se levanta el gigante dormido? La economía brasilera está saliendo del largo letargo en el que se encontraba en términos de actividad económica.

El índice de actividad desestacionalizado del Banco Central de Brasil arrojó una recuperación acumulada de 2,4% entre diciembre 2016 y julio 2017.

El consumo se recuperó de la mano de la sensible baja en la inflación y las tasas de interés, así como también la recuperación en la creación de empleos.

Las señales pro mercado, como el tope al gasto público y la reforma laboral, han sido correspondidas por las expectativas de los inversores, cristalizadas en un aumento de 22% del BOVESPA (en reales) en lo que va del año.

Este suceso nos invita a repasar la historia reciente de la relación comercial entre Brasil y Argentina, para entender cuál puede ser la repercusión en los fundamentos de las exportaciones locales.

Una pareja dispareja

Brasil es nuestro principal socio comercial. Sin embargo, esta relación no está exenta de riesgos ni de asimetrías, tanto en términos cualitativos (qué tipo de bienes le vendemos a Brasil) como cuantitativos (en referencia a los volúmenes físicos comercializados).

Hace varias décadas, en esta relación reinaba la desconfianza y competencia: Argentina percibía a Brasil como un competidor por el liderazgo regional, mientras que Brasil miraba a sus pares latinos con intrascendencia de cara a su propio desarrollo productivo y comercial. Esta situación empezó a cortarse a partir de la década de los 1980, con el resurgimiento de los gobiernos democráticos y la mejora de las relaciones entre estos países.

En un trabajo publicado en 2016, Asef Horno, Brosio, Coatz y Dragún identifican cuatro etapas bien diferenciadas de la relación comercial reciente entre Brasil y Argentina. La Etapa I (1990-1998), caracterizada por la apertura y la expansión: tras la creación del Mercosur y una recuperación en términos de actividad económica a principios de la de los 90 en ambos países, las exportaciones de Argentina a Brasil pasaron de US$ 1.423 millones (11,5% del total) en 1990 a US$ 8.133 millones (30,1% del total) en 1998.

Un factor diferencial entre ambas experiencias de apertura fue que en Brasil el Estado decidió acompañar más de cerca que en Argentina al desarrollo productivo e industrial, lo que terminaría determinando diferencias en los factores de especialización exportadores. La segunda etapa (1999-2002), estuvo signada por una significativa recesión en ambos países.

Los volúmenes de comercio bilateral se desplomaron un 20% y la participación de Brasil dentro de nuestras exportaciones se redujo casi a la mitad, cayendo de 30,1% a 15,6%.

La Etapa III (2003-2011), fue la de recuperación y reindustrialización argentina. Tanto las exportaciones hacia Brasil como las importaciones provenientes de allí se incrementaron de manera significativa, explicadas principalmente por el boom automotriz.

Las importaciones desde Brasil se aceleraron más rápidamente que nuestras exportaciones, resultando en recurrentes déficits contra el vecino. Esto generó respuestas proteccionistas para controlar los flujos comerciales. La última etapa que caracterizan los autores (2012-2015), es de un deterioro comercial de ambas partes: la desaceleración y recesión de la actividad económica en ambos países, derivó en una caída del 40% de los flujos comerciales bilaterales.

Un hecho para resaltar es la creciente asimetría resultante en las relaciones: mientras que Brasil es el principal destino de nuestras exportaciones, Argentina tan sólo representa un 6% de las exportaciones brasileras.

Esto genera vulnerabilidades dada nuestra escasa diversificación comercial: al ser Brasil el principal comprador de nuestras exportaciones industriales, el desenvolvimiento de nuestro sector manufacturero está íntimamente ligado al ciclo macroeconómico brasilero y la relación de competitividad bilateral entre ambas economías.

Determinantes de la exportación argentina

En el esquema actual de financiamiento de un déficit fiscal persistente a lo largo de los años (gradualismo) mediante deuda externa, las exportaciones se tornan fundamentales.

Si bien en muchos casos, como lo había indicado el ex Ministro Prat-Gay, “la deuda se paga con deuda” lo cierto es que en contextos en los que se prevé un achicamiento de las hojas de balances de la FED, no existen certezas acerca de hasta qué punto la canilla de capitales estará abierta para los países emergentes. La deuda externa se paga con dólares y la forma genuina de obtener esos dólares es exportando.

Dada la escasa dinámica en términos de productividad del país en los últimos años y la política parcialmente cerrada a los acuerdos comerciales, la dinámica exportadora argentina se ve ligada íntimamente al ciclo económico externo pero sobre todo a la competitividad-precio, particularmente para la pequeña empresa.

En el gráfico se muestra la evolución de las micro, pequeñas y medianas empresas registradas como exportadoras y el tipo de cambio real bilateral contra Brasil (TCRB Brasil) en los últimos diez años.

Caídas del TCRB con Brasil, implican que los bienes locales se encarecen (ya sea por inflación nuestra o depreciación de la moneda brasilera), mientras que los aumentos favorecen la competitividad-precio argentina (vía depreciaciones de nuestra moneda o apreciación cambiaria e inflación en Brasil).

Las ganancias de competitividad-precio debido a depreciaciones del peso son efímeras y difíciles de sostener en el tiempo, debido al efecto pass-through o traslado a precios. Teóricamente, en un esquema de tipo de cambio flexible este traslado debería ser menor. Este pareciera ser el caso de la última depreciación de julio-agosto, que estaría teniendo poco impacto inflacionario al menos por ahora.

Sin embargo, todavía queda un largo camino que recorrer en términos de credibilidad de la política monetaria del Banco Central, para poder estar seguros de que la dinámica cambiaria e inflacionaria están finalmente desasociadas.

También es (aún más) largo el camino de la competitividad no-precio, pero es el más sostenible. Hablamos del incremento de la productividad total, que se realiza principalmente a través de mayor inversión en capital físico, humano (mejor calidad y acceso a la educación y salud), mejores arreglos institucionales y una macroeconomía ordenada y estable en el corto plazo, que permita proyectar en el largo.

El sendero de la productividad es lento, pero se traduce en crecimiento sostenible en el largo plazo, permitiendo salir del péndulo en el que nos encontramos desde hace décadas que alterna recuperaciones con recesiones, a la vez que Argentina retrocede puestos en los ránkings de PBI per cápita.

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mtombolini@somospymes.com (Matias Tombolini) Matías Tombolini Thu, 28 Sep 2017 10:54:26 -0300
Argentina consolida el modelo de precariedad y flexibilidad laboral http://www.somos-pymes.com/columnistas/matias-tombolini/argentina-consolida-el-modelo-de-precariedad-y-flexibilidad-laboral.html http://www.somos-pymes.com/columnistas/matias-tombolini/argentina-consolida-el-modelo-de-precariedad-y-flexibilidad-laboral.html Argentina consolida el modelo de precariedad y flexibilidad laboral

El Jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña, afirmó durante la presentación del último informe de gestión en la Cámara de Diputados el 31 de mayo de 2017, que “van nueve meses de crecimiento formal del empleo en la Argentina”, agregando que el sector privado ya acumula más de 107.000 nuevos trabajos.

Como economista -nobleza obliga- y ciudadano preocupado por la situación socio laboral que vivimos en el país, me vi tentado a ir un poco más allá, e investigar las estadísticas de las instituciones gubernamentales para corroborarlo.

Las últimas estadísticas oficiales publicadas por el Ministerio de Trabajo, indican que, entre diciembre de 2015 y abril de 2017, se generaron 133,4 mil puestos de trabajo registrados. Para el mismo período anterior (entre diciembre de 2013 y abril de 2015), la creación de puestos de trabajo fue el doble: 230,8. Estos datos surgen de la serie desestacionalizada, es decir, la corregida por efecto de fluctuaciones periódicas.

Acotándonos al periodo de tiempo analizado por el Jefe de Gabinete, se puede observar en el gráfico que, efectivamente, hubo un crecimiento sostenido del empleo formal durante los últimos nueve meses.

Más allá de estos resultados, es interesante analizar la composición del aumento de empleo desde la asunción del Presidente a la fecha: el aumento de empleo fue traccionado principalmente por empleados registrados en el monotributo social. Es decir, los trabajadores más vulnerables, que crecieron 10,4% en el período analizado.

Seguido por los monotributistas, cuyo aumento significó 4,8% en el período, asalariados de casas particulares (trabajadoras domésticas) y, en menor medida, por asalariados públicos. Las categorías de independientes autónomos en primer lugar, y asalariados privados en segundo lugar, se vieron afectadas a la baja con pérdidas de 68,8 mil y 23,5 mil puestos respectivamente.

En un contexto donde se escuchan cada vez más frecuentemente noticias de despidos en el sector industrial y cierre de fábricas, el mercado laboral está avanzando hacia la consolidación de la precariedad y flexibilidad laboral. La generación de empleo por el monotributo exime a las empresas de costos laborales, que recaen en los trabajadores, paralelamente con la quita de los derechos laborales incluidos en los convenios colectivos de trabajo.

En el informe sobre la evolución de trabajadores registrados en el sector privado, publicado por el mismo organismo, la desagregación se puede ver por rama de actividad, lo que abre la puerta a un nuevo nivel de análisis.

Respetando el espacio temporal diciembre 2015-abril de 2017, la caída del 0,4% de los asalariados en el sector privado se ve específicamente afectado por la merma en el ramo de “Explotación de minas y Canteras”, seguido por el de “Industrias Manufactureras”.

Los datos resultan alarmantes, y se ven agravados si sumamos al análisis el último informe publicado por el INDEC en materia de desocupación, que arrojó un 9,2% en el primer trimestre del año, 1,6 puntos por encima del registrado en el último trimestre de 2016 (los números no pueden ser comparados con los del primer trimestre de 2016, ya que el organismo dedicó ese período a normalizar las estadísticas tras la intervención sufrida durante el kirchnerismo), acercándonos cada vez más a la tan temida cifra de dos dígitos.

De hecho, existen algunos distritos que lo alcanzaron: los indicadores de desocupación más altos fueron en Partidos del Gran Buenos Aires, 11,8%, el Gran Catamarca, 10,8%, Mar del Plata, 10,4%; y Gran Rosario, 10,3%.

Si bien el gobierno se jacta de generar políticas para combatir el desempleo, traducidas en medidas específicas tales como el Plan Empleo Joven, la Ley de Empalme, el programa de Jóvenes con Más y Mejor Trabajo, Construir Empleo, Trabajo Autogestionado, programa de Formación Continua, entre otros; en vista de los resultados, los mismos se acercan más a medidas específicas para apalear la crisis, que a una resolución estructural.

En este sentido, los datos de actividad económica que arrojan un aumento del 1,1% del PBI para el primer trimestre del año, abren la puerta a una hipótesis sobre esta situación: si se lo desagrega por sectores productivos, dos áreas de alta generación de empleo como la manufacturera y el comercio, mermaron 2,2% y 0,9% respectivamente.

Por su parte, el último informe fiscal del FMI estimó que el déficit total de este año en el país será del 6,1% del PBI, por lo que recomienda a la Argentina realizar una reducción del empleo público.

El estudio de estos números deja la puerta abierta para empezar a debatir los temas en forma compleja y responsable. Es necesario acompañar las políticas específicas con un análisis profundo que nos permita realizar la autocrítica necesaria para comenzar a ocuparnos de recuperar aquellas actividades que más trabajo generales; que el cambio sea estructural y definitivo para avanzar hacia un país con no solamente más cantidad de empleo, sino que sobre todo de mejor calidad.

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mtombolini@somospymes.com (Matias Tombolini) Matías Tombolini Tue, 11 Jul 2017 11:50:30 -0300
La emergencia del ahorro http://www.somos-pymes.com/columnistas/matias-tombolini/la-emergencia-del-ahorro.html http://www.somos-pymes.com/columnistas/matias-tombolini/la-emergencia-del-ahorro.html La emergencia del ahorro

La afirmación de que hay que invertir más para lograr mayor crecimiento, es un lugar común entre políticos y analistas.

Muchos “saberes populares” están vacíos de contenido y carecen de sustento, tanto empírico como teórico. Este, aparentemente, no sería el caso.

El siguiente gráfico contrasta el promedio de la tasa de inversión contra el crecimiento promedio anual para el período 1960-2015 y una muestra de 57 países que abarca a desarrollados, subdesarrollados y emergentes.

Puede apreciarse como la nube de puntos se agrupa de en sentido ascendente, enseñando que la inversión y el crecimiento están positivamente correlacionados (sin decir nada acerca de la causalidad de la misma relación).



A buenas y primeras no puede refutarse la aseveración, sin embargo vale la pena completar esta noción popular: para crecer hay que invertir… y para invertir hay que ahorrar. Un repaso sobre distintas teorías económicas puede arrojar algo de luz al respecto.

La Teoría General de J.M. Keynes marcó un antes y un después tanto en la teoría económica como en la forma en que pensamos la política macro. El texto tiene un desarrollo teórico tan poco claro que ha suscitado una interpretación distinta por cada lector del libro. De ahí que haya debates acerca de lo que dijo Keynes, lo que no dijo, lo que quiso decir o lo que “realmente” quiso decir.

Sin importar el resultado de estos debates (que difícilmente arriben a algún puerto fructífero), hay una noción del keynesianismo que representó un quiebre: la idea de que la inversión antecede al ahorro. Los keynesianos, a raíz de su mecanismo de “multiplicador”, dieron vuelta la tan intuitiva y tradicional idea de que hay que ahorrar para poder invertir.

Como consecuencia de desatender la financiación del gasto, los modelos keynesianos de crecimiento repetidamente se quedaron sin explicaciones ante los distintos episodios de estancamiento.

A partir de los modelos keynesianos de crecimiento a la Harrod-Domar, grandes organismos internacionales de crédito implementaron importantes políticas de financiación de inversión en países sub desarrollados, sin mayores resultados en materia de crecimiento económico de largo plazo: el proceso se detenía debido a la dificultad para obtener divisas (la llamada restricción externa) para importar los equipos de maquinaria e insumos.

Entonces estos modelos tuvieron que adaptarse para sobrevivir, dando origen a los modelos de “dos brechas” que incorporan la brecha externa. En la década de los 80 la crisis de deuda castigó a las economías de América Latina, generando un nuevo ciclo de estancamiento. Nuevamente tuvieron que agregar otro parche a estos modelos, la “brecha fiscal”.

El modus operandi es claro: enmendar el modelo agregando apéndices cada vez que se da de bruces contra la realidad. A esta altura al lector no debería sorprenderle que algunos autores keynesianos hayan hablado de una cuarta brecha para explicar el estancamiento durante la década K.

El problema es que los keynesianos intentan examinar el largo plazo con herramientas de corto, no pudiendo distinguir entre crecimiento genuino y ritmos insostenibles propios de recuperaciones transitorias. Hablar de la sostenibilidad del crecimiento implica ampliar el alcance del análisis pero no necesariamente debemos complejizar la explicación con muchas variables más. Una perspectiva neoclásica de las restricciones presupuestarias puede ser reveladora sin perder la sencillez.

Veamos algo que se enseña en el primer año de economía: restricciones de presupuesto macroeconómicas. Las identidades contables están más allá de cualquier teoría o escuela de pensamiento: seas keynesiano, monetarista o marxista tenés que respetar el cumplimiento que imponen las restricciones. De las identidades contables macroeconómicas se desprende que el balance de la cuenta corriente del país es igual a la diferencia entre ahorro doméstico y la inversión doméstica.

Es decir, un incentivo desmedido a la inversión sin contracara en el ahorro tiene como consecuencia inevitable caída de reservas internacionales o aumento del endeudamiento externo. O dicho de otra manera, si una economía en su conjunto gasta por encima de sus capacidades, necesariamente está des-ahorrando activos externos para importar el excedente de gasto.

Los déficits no son gratis, un saldo de cuenta corriente negativo impone una condición acerca del perfil intertemporal de la decisión consumo-ahorro-inversión.

En Argentina puntualmente la situación de ahorro deficitario proviene del sector público, de manera que el desbalance fiscal deriva en déficits de cuenta corriente que de ser sostenidos a la postre pueden terminar en estrangulamiento de divisas (segunda brecha keynesiana) o crisis de deuda (tercer brecha keynesiana).

La economía argentina desde hace décadas se mueve pendularmente, incapaz de crecer de manera sostenida en un horizonte razonable de tiempo. La inversión es una condición necesaria (no suficiente) para el crecimiento, pero depende del ahorro poder darle un marco de sustentabilidad a estos procesos.

Nos ilusionamos con “tasas chinas” de crecimiento en cortos períodos que luego terminan colapsando. Es natural: mientras que los chinos ostentan una tasa de ahorro de casi 50 puntos del PBI la de Argentina no llega el 20%.

La salida gradualista financiada con deuda externa que ensaya el Gobierno permite sortear con holgura la coyuntura social de corto plazo en un país con una alta dependencia del Estado en materia laboral.

El costo de esta estrategia reside en el sostenimiento de un sector público que des-ahorra a gran escala por un lado, y en el aumento de la exposición a los shocks en la economía global, por el otro.

Ajustes en la tasa de interés internacional o la aparición de nuevos cisnes negros que deriven en una reversión de flujos de capitales complicarían la maniobra gradual. El “largo plazo” puede estar a la vuelta de la esquina.

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mtombolini@somospymes.com (Matias Tombolini) Matías Tombolini Tue, 20 Jun 2017 12:25:15 -0300
INDUSTRIA TEXTIL: ETAPA DE TRANSICIÓN http://www.somos-pymes.com/columnistas/matias-tombolini/industria-textil-etapa-de-transicion.html http://www.somos-pymes.com/columnistas/matias-tombolini/industria-textil-etapa-de-transicion.html INDUSTRIA TEXTIL: ETAPA DE TRANSICIÓN

La caída acumulada de la actividad industrial durante el primer trimestre del año, -2,4% según INDEC, fue encabezada por la industria textil, que descendió 17,2%.

Este sector industrial es de larga tradición en nuestro país. Desde la llegada de inmigrantes europeos a principios del siglo XX, que contaban con el oficio de la costura, se empezó a conformar una estructura que luego se fue desarrollando longitudinal y transversalmente.

Para entender un poco el esquema productivo, se lo puede dividir en distintos eslabones a medida que se avanza en la cadena. El primero es la parte agroindustrial, que elabora fibras vegetales o animales, insumo de las prendas, como ser algodón, lana, lino o yute.

El segundo eslabón está conformado por hilanderías que transforman esas fibras en hilos de algodón, acrílico o lana. El tercero son las tejedurías, planas, de punto o rectilíneas, que elaboran la tela en crudo. Una vez tejida, se manda la tela a la tintorería para hacerle terminación, color y estampado.

Toda esta parte se engloba dentro de la fabricación de textiles. El quinto eslabón es el corte y la confección, que vendría a ser la fabricación de indumentaria. Finalmente, se la comercializa. Todo el proceso está atravesado por el diseño.

Dentro de la Industria Textil, la Industria de la Indumentaria se encuentra muy atomizada, conformada por pequeñas y medianas empresas, salvo excepciones, que requieren insumos importados para producir. A la vez, compiten con bienes finales del exterior. En la parte de comercialización, son unas pocas grandes empresas las que lideran el mercado.

La industria textil fue históricamente perjudicada por los modelos económicos aperturistas. El gobierno anterior, de corte proteccionista, encontró en el sector una pieza clave del desarrollo socioeconómico del país, principalmente por su capacidad de generar puestos de trabajo en estratos sociales medios y bajos.

Más allá de que esta política no haya logrado consolidar una industria competitiva internacionalmente, la industria textil argentina llegó a emplear a 360 mil personas directas e indirectas según datos del Ministerio de Producción.

Según la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), el crecimiento del sector entre 2002 y 2016 fue del 89,5% en términos productivos. La participación de empresas textiles nacionales en el mercado pasó entre 2002 y 2015 del 25% al 50%.

Producción de fibras nacionales

Desde fines de 2015, la industria textil entró en crisis, como consecuencia de la retracción del consumo interno y la apertura de las importaciones. Esto queda a la vista al analizar la capacidad instalada. Para el primer trimestre de 2017, el indicador marca un 56% de utilización promedio, el mínimo de la serie 2012-2017.

Según la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), la suma de las de importaciones de prendas de vestir para el periodo enero-abril de 2017 alcanza un total de USD174 millones en valor FOB y 7,7 millones de kilos, significando un incremento interanual es de 28% en dólares y 56% en volumen.

Estos valores superaron lo ingresado mensualmente desde el 2000. Por su parte, la importación de productos textiles alcanzó un récord histórico en marzo, 22.125 toneladas, cifra que representa un incremento del 14% interanual.

Estos números adquieren mayor relevancia cuando la unidad de medida ya no son dólares importados o kilos producidos, sino cantidad de trabajadores despedidos.

En el último informe publicado por el Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino, se atribuyen 3.752 despidos y 11.820 en la industria textil, uno de los más damnificados junto al metalúrgico en lo que a despidos y suspensiones dentro de la industria se refiere. El sector textil representa alrededor del 10% del empleo de toda la industria.

La respuesta del gobierno, fue la firma de un compromiso con el objetivo de estimular el consumo, cuidar el empleo y luchar contra la informalidad.

En concreto, se refiere al lanzamiento de dos herramientas de financiamiento para los rubros Indumentaria, Calzado y Marroquinería para la compra de productos nacionales en 3 y 6 cuotas sin interés, la puesta en marcha del Programa de Transformación Productiva de subsidios y capacitaciones para incorporar de a poco a los trabajadores textiles al sector dinámico de la economía, y el envío de un proyecto de ley al Congreso a fin de desestimular la informalidad laboral vía la reducción de cargas patronales.

Queda abierto el debate acerca de si este es un plan que puede realmente transformar a la industria, o se necesitan medidas más específicas a fin de proteger un sector base para la economía de muchas familias de bajos estratos sociales.

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mtombolini@somospymes.com (Matias Tombolini) Matías Tombolini Mon, 29 May 2017 17:14:14 -0300
AUTOPISTA DE INVERSIONES http://www.somos-pymes.com/columnistas/matias-tombolini/autopista-de-inversiones.html http://www.somos-pymes.com/columnistas/matias-tombolini/autopista-de-inversiones.html AUTOPISTA DE INVERSIONES

La historia de la industria automotriz argentina se vio fuertemente afectada por las distintas políticas económicas de los gobiernos de turno.

Durante la década de los 90, fue víctima de la política de Estado que afectó a la industria nacional en general. En la automotriz en particular, tomó forma con la desaparición de empresas nacionales que, a su vez, dieron espacio a multinacionales.

Estas últimas estructuraron cadenas de valor acorde a sus costos y beneficios, aunque no siempre beneficiosas para el país. El ejemplo más concreto es la producción de un mismo vehículo traspasando más de una vez la frontera Argentina-Brasil, siempre en busca del lugar en donde minimizar los costos.

La mitad de la producción nacional se exporta. Brasil y la evolución de su mercado interno juegan un papel muy fuerte en este sentido. Durante 2016, el 73% del total de autos finales y un 60% de las autopartes exportadas por Argentina se vendieron a nuestro país vecino.

Durante la última década se ha intentado, a través de una estrategia regional, definir un perfil nacional, con una especialización productiva para cada país. Argentina está especializándose en segmentos de mayor valor agregado - sobre todo pickups- y Brasil, en vehículos medianos y pequeños.

El análisis del sector durante los últimos 13 años, distingue dos claras etapas: de 2003 a 2013, con un importante crecimiento tanto en producción como patentamiento de vehículos.

Según la Asociación de Fabricantes de Automotores (ADEFA), la producción nacional creció 266% en esta etapa, siendo 2011 el año pico de producción: 828.771 vehículos. La segunda etapa comienza con una brusca caída de la producción en el 2014 (-22%), acumulando un -40% entre ese año y 2016. La crisis política, institucional y económica que atraviesa Brasil, explica gran parte de esta merma.

Sin embargo, no son todas pálidas para el sector. Entendiendo la importancia que tiene el sector para la industria argentina, el gobierno firmó, junto a gremios y asociaciones representantes de la cadena de valor, un acuerdo en el que se plantean objetivos de producción, exportación, inversión y empleo hacia 2019 y 2023.

La industria automotriz representó, en 2016, un 7% del Valor Bruto de Producción a precios básicos constantes del total de la industria manufacturera y un 2% del valor bruto total. A su vez, la fabricación de automotores representa el 1% del total de empleo asalariado registrado. Agregando el sector autopartista, la representación asciende a l 2,3%.

Si bien la firma del plan aún no toma forma, las buenas noticias llegan de la mano de las inversiones. Las principales terminales productoras a nivel local, tienen inversiones en carpeta, para desarrollar nuevos vehículos exportables al Mercosur y otras regiones. Entre 2016 a 2019, se encuentran en ejecución inversiones de alrededor de U$S 2.300 millones.

Quizás la más importante y que mayor expectativa genera en la región, es la de la alianza Renault-Nissan y el grupo Daimler (al que pertenece Mercedes Benz). El grupo pretende invertir u$s 600 millones, para fabricar tres pick ups medianas con plataforma global en el polo industrial que tiene Renault en Santa Isabel, en la provincia de Córdoba.

Todas se exportarán a países de la región, principalmente a Brasil. La mitad de la inversión se destinará a la red de proveedores, lo que estimulará a las pymes autopartistas de la región.

En tierra cordobesa, Fiat anunció la inversión de U$S 500 millones para aumentar su producción con mayor integración local. Apoyados por el gobierno de Córdoba que beneficiará a la empresa con subsidios y beneficios por más de $16 millones, el objetivo es alcanzar un volumen de más de 100.000 vehículos al año, aumentar el trabajo en autopartistas locales y producir modelos exportables (se calcula que el 80% de la producción podrá venderse a otros países). La idea es que el nuevo vehículo, cuyos detalles se mantienen en secreto, esté listo en noviembre.

La provincia de Buenos Aires, en donde la industria automotriz tiene una fuerte presencia, no se queda atrás si de inversiones hablamos.

El Grupo PSA, de origen francés y más conocido como la fusión de las empresas Peugeot y Citroen, invertirá u$s 320 millones para fabricar nuevos modelos en el complejo industrial de El Palomar, a partir de 2019.

Actualmente, en el polo productivo se fabrican los modelos Peugeot Partner, 308 y 408 y Citroen Berlingo y C4 Lounge. Se incorporará la plataforma productiva CMP (Common Modular Platform), que modernizará los vehículos producidos y sumará a la línea de montaje algunos nuevos, sobre todo chicos y medianos.

La inversión tiene en cuenta la creación de un parque de proveedores en Tres de Febrero, moviendo la rueda de la cadena de valor a nivel local.

Toyota está en un proceso de expansión, con la idea de invertir más de U$S 100 millones para lo que resta del 2017. El principal objetivo en este caso es aumentar la producción para hacer frente al aumento de demanda: se esperan producir 120 mil unidades producidas en el transcurso del 2017 en la planta de Zárate, provincia de Buenos Aires, lo que significa un crecimiento del 20% respecto de 2016.

Por su parte, el Plan “Un Millón”, firmado en Marzo de 2017, tiene como objetivo central alcanzar una producción de un millón de unidades y 300.000 puestos de trabajo hacia 2023. A su vez, aumentar la integración de partes locales del 25% (nivel actual) al 40% al finalizar el periodo. Se pretenden inversiones por parte de empresas privadas por u$s 5.000 millones hacia 2019.

Si bien aún no hay un plan concreto a seguir para alcanzar los objetivos, se espera que estos anuncios y posterior ejecución puedan volver a dinamizar un sector con gran potencialidad en la industria manufacturera argentina, y con mucha representación de empresas pyme a lo largo de su cadena de valor.

La relevancia de estas inversiones no es menor ya que, en el caso de que se concreten en un corto y mediano plazo, la potencialidad y realización del Plan Un Millón es cada vez más real.

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mtombolini@somospymes.com (Matias Tombolini) Matías Tombolini Wed, 10 May 2017 10:01:44 -0300