18 de Noviembre de 2018

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LIDERAZGO: CÓMO PRODUCIR EFICIENCIA Y ACCIONAR FRENTE A LA QUEJA

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En el mundo empresarial, así como en los diferentes dominios de nuestras vidas, la queja es una práctica habitual que nos quita de foco y no produce soluciones.

Esto es cotidiano y pasa desapercibido culturalmente, y solemos ignorar sus consecuencias al no ser conscientes de lo que nos oculta.

La queja forma parte de nuestras prácticas cotidianas, en los diferentes ámbitos de nuestras vidas, basta con leer los diarios, escuchar la radio, la televisión, incluso al conversar con compañeros de trabajo, amigos, familiares o cónyuges. La queja provoca un gran malestar y parálisis, generando estados de ánimo negativos que cierran nuestras posibilidades.

También podemos observar y advertir que la queja a veces suele ser una adicción, reclamamos por el clima, el tránsito, la falta de tiempo, la crisis, el dinero que no alcanza, las relaciones, en fin, la lista de los diferentes motivos que hacen a nuestras quejas es interminable. Podemos decir que habita en una cultura de escasez porque sentimos que siempre falta “algo o alguien” para declararnos en plenitud.

¿Somos conscientes de cuánto nos quejamos? ¿Y qué es lo que está conversación produce?

La conversación de la queja nos posiciona en un lugar de “víctimas” de algo o de alguien, es decir que también nos hace sentir aparentemente “inocentes” frente a aquello de lo que nos quejamos al culpar a los otros o a las situaciones que son externas.

Esta manera de ser nuestra, que en definitiva justifica a la queja, está relacionado con nuestra mirada, que esta puesto en el “afuera”, en las circunstancias o en el otro, y limitan la toma de decisiones adecuadas para lo que podríamos hacer, recrear, o cambiar dada una situación.

Esto que parece ser tan obvio, no lo es. Es importante aprender a distinguir cómo la queja permanente socava nuestra integridad y nos produce un estado de ánimo de resignación, impotencia y resentimiento, frente a lo que no estamos asumiendo.

El reconocer la queja implica tomar acción frente a lo que me aqueja, ser nosotros los responsable de producir el cambio, en lugar de esperar el cambio en los otros para que el cambio ocurra.

En la mayoría de las empresas, la queja es un factor principal del porqué las cosas no funcionan, justificando así el porqué no funcionan.

Estas conversaciones las denominamos conversaciones de desperdicio, porque restringen nuestras posibilidades de accionar comprometidamente y responsablemente. No nos dejan estar presentes con lo que debemos asumir. El ser conscientes de cuánto se desperdicia en las empresas y en la vida personal por éste tipo de conversaciones es primordial para poder incrementar así la capacidad de productividad, eficiencia, creación y de satisfacción personal de los individuos y de la empresa. “No es el problema lo que nos sucede, sino que hacemos con lo que nos sucede”.

Según una vieja leyenda, un discípulo va de visita a la casa de un maestro Zen. Le cuenta al maestro que había obtenido diversos títulos, que había adquirido grandes conocimientos y que también había hecho muchos sacrificios y eso le había tomado años de su vida.

Luego le pide al maestro que le enseñe los secretos de del conocimiento Zen. El Maestro lo escucho serenamente y luego lo invito a sentarse a la mesa y le ofreció una taza de té. Vertía el té en la taza del discípulo hasta desbordarla. Preocupado el discípulo le advierte al maestro que la taza ya está llena y que el té se escurre por la mesa.

El maestro le responde con la misma serenidad que lo escucho anteriormente y le dice: Es cierto señor, usted ya viene con la taza llena, ¿Cómo podría usted aprender algo?, ante la expresión incrédula del discípulo el maestro enfatizó: A menos que su tasa esté vacía, usted nada podrá aprender.

¿Cómo soltar la queja y comprometerse en tomar acción responsablemente?

“Soltar la queja” implica vaciarnos de las prácticas anteriores, es decir desaprender el habito de culpar a los otros o a las circunstancias y pasar a la acción asumiendo nuestra responsabilidad, que nos permite comprometernos con el rediseño de las acciones que debemos ejecutar para alcanzar lo que queremos lograr. Atreverse a correr el riesgo del cambio implica producir resultados extraordinarios con aquello que creíamos que no era posible de modificar.

El rediseño del cambio de prácticas también implica reconocer que no siempre sabremos cómo hacerlo ya que no hemos estado ahí antes, es aprender a navegar la incertidumbre de lo nuevo que viene con el cambio. La importancia de saber pedir ayuda en caso de que no sepamos cómo hacerlo, lo importante es saber que cuando se comienza con el cambio ya no se quiere volver a atrás.

Cuando cambiamos la manera en como observamos las cosas y accionamos en consecuencia nuestro mundo cambia.

Hay muchas acciones que podemos ejecutar cuando nos hacemos cargo de la queja, El saber reclamar adecuadamente para una justa negociación entre ambos, si esto no es posible, contra ofertar nuevas alternativas para una sana negociación, “inventar soluciones que no están escritas en ningún lugar” y producir acciones que nos posibiliten las condiciones de satisfacción mutuas.

Cuando no se llega a soluciones porque estamos en una encrucijada, el soltar y aprender a confiar que podremos actuar adecuadamente cuando la situación lo demande, es ser conscientes de lo que podemos o no producir y que estas acciones dependen de mí.

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Contacto: ana@opulenceproducciones.com

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