18 de Noviembre de 2018

Contexto para emprendedores argentinos en 2018

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Por Silvia de Torres Carbonell. Si bien el apoyo gubernamental es importante, no debemos olvidar que las personas y su iniciativa individual siguen siendo el recurso fundamental.

Hoy las tecnologías exponenciales, los nuevos modelos de negocio basados más en el conocimiento que en el capital físico, la economía digital, los modelos colaborativos, la desintermediación, la globalización virtual, los nuevos esquemas organizacionales de las empresas del futuro representan un enorme desafío para las personas, las organizaciones y los gobiernos. Esos cambios se producen a la velocidad de la luz.

Sin la creación de nuevas empresas y la recreación de las existentes abiertas al mundo, invirtiendo en investigación y desarrollo, introduciendo nuevos productos, mejorando procesos, incorporando tecnología, atrayendo capital, generando nuevos y mejores empleos, es difícil imaginar que las nuevas tecnologías disruptivas puedan penetrar la economía y, sobre todo, generar mejor calidad de vida y prosperidad en forma masiva.

Este fenómeno emprendedor es complejo, pero siempre requiere: la existencia de individuos con habilidad y motivación para comenzar un negocio, las percepciones sociales positivas sobre el mismo, la existencia de oportunidades y un contexto institucional, político y económico que las estimulen y las promuevan. Y este último contexto incluye las denominadas Condiciones del Marco Emprendedor que lo transforman en “el oxígeno necesario para que respiren y crezcan los nuevos emprendimientos”.

Por eso es necesario promover la formación de ecosistemas dinámicos donde la actividad emprendedora e innovadora pueda desarrollarse. Cada país, cada región e incluso cada ciudad tiene que encontrar su modelo, tomando las buenas prácticas y los aprendizajes de otros entornos.

Los modelos no son replicables automáticamente porque crear un ecosistema virtuoso es producto de la existencia y la interacción de diversos jugadores, de un entorno y de una cultura. Influyen condiciones macroeconómicas, pero también la historia, la micro, la existencia de oportunidades y, sobre todo, de personas transformadoras en los ámbitos privado, social y público.

Hoy sabemos que la competitividad de los países se basa en el grado de innovación de su economía. América Latina fue la región que tuvo el crecimiento más bajo de la productividad del trabajo, con un promedio anual de apenas 0,4% en el último medio siglo.

Por eso el imperativo de la innovación es hoy crítico, y se deben diseñar y poner en práctica estrategias para no perder el tren del desarrollo y no ceder competitividad.

En los últimos 20 años se han desarrollado en el país una gran cantidad de iniciativas a nivel privado, académico y en la sociedad civil, para promover y consolidar este ecosistema emprendedor.

Todo ello a pesar de los fuertes obstáculos por falta de reglas claras que trabaron el acceso al capital, una macro y micro economía deterioradas, falta de inversión en infraestructura energética, de telecomunicaciones y física, alta y constante inflación, falta de confiabilidad del país para recibir inversiones externas, cierre de la economía y trabas regulatorias al libre comercio.

Según el Global Entrepreneurship Monitor que lleva adelante desde 1999 el Centro de Entrepreneurship del IAE Business School, la Argentina ha generado en estos años una gran cantidad de emprendimientos, pero presenta dificultades en la calidad de los mismos, en la tasa de sobrevivencia de sus proyectos, así como en la percepción de oportunidades para emprender que tiene la población.

Pero esta situación ha comenzado a cambiar. Hay una decisión política de instalar el tema del fenómeno emprendedor nuevamente en la agenda pública.

El Gobierno nacional y muchos gobiernos provinciales y municipales están poniendo en práctica programas tendientes a promover y sostener este ecosistema emprendedor.

El amplio programa Argentina Emprende, con la Ley de Emprendedores que acaba de ser sancionada como un punto de inflexión en este proceso, nos muestra que estamos en la dirección correcta.

Se están poniendo en marcha políticas públicas para contribuir a la capacitación, acceso al financiamiento, acceso a la información, mejoras en la infraestructura física y de servicios, acceso a mercado transferencia de ciencia y tecnología, fomento de redes y comunidades de emprendedores, todas acciones destinadas tanto a emprendedores de alto potencial como a micro-emprendedores y a emprendedores sociales.

Es un proceso que busca quitar obstáculos, generar incentivos, dar acceso a información cierta y poner así al país de pie.

Esta tarea no es privativa del Estado. Como sociedad debemos revalorizar la empresa privada como célula vital de la sociedad, generadora de empleo genuino, creadora de riqueza, proveedora de bienes y servicios que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos y pagadora de impuestos que luego el Estado redistribuye para asegurar justicia, salud, educación y seguridad, para revertir así esa visión que confía en el Estado como el gran “protector y benefactor social” y desconfía del valor de la iniciativa privada, del esfuerzo y del aporte del empresario honesto, competitivo y eficiente como gran motor de prosperidad.

Si bien el apoyo gubernamental es importante, no debemos olvidar que las personas y su iniciativa individual siguen siendo el recurso fundamental.

Los nuevos proyectos que están naciendo en la Argentina, en sectores tan diversos como finanzas, agro, moda, retail, ciberseguridad, medios, entretenimiento, educación, biotecnología, ciencia, tienen en común la pasión emprendedora de sus fundadores, la búsqueda de las oportunidades y de propuestas de valor que solucionen problemas reales de sus usuarios.

Estos nuevos emprendimientos son el germen del tejido empresarial del mañana.

Me imagino a la Argentina futura emulando a la "bottega" del Renacimiento de la Florencia del siglo XV donde se puso el conocimiento en el centro de la creación de valor, que tuvo lugar en los talleres de artesanos, pintores, escultores, arquitectos, matemáticos, ingenieros, anatomistas y otros científicos junto a ricos comerciantes como mecenas.

El resultado fue el emprendimiento que concibió maneras revolucionarias de trabajar, de diseñar y de entregar productos y servicios, e incluso de ver el mundo.

Esta odisea requerirá mucho coraje, espíritu colaborativo y convergencia de intereses entre lo público, lo privado y la sociedad civil. Pero es posible y estamos en el buen camino.

Silvia de Torres Carbonell es directora del Centro de Entreprenenurship, IAE Business School y directora global de Entrepreneurship Monitor.

Fuente: apertura.com

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