21 de Junio de 2018

Juguetes de diseño: una oportunidad emprendedora para padres

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La principal vía de comercialización es la tienda online. Los juguetes artesanales se presentan como una alternativa para aquellos padres que buscan ofrecer algo distinto a sus hijos.

Ofrecer productos de calidad, incentivar la imaginación y aportar distintas escenas para jugar son los denominadores comunes de los emprendedores que buscan aportar nuevos recursos al juego de los niños.

Los juguetes artesanales y de diseño generan cada vez más oportunidades de negocio, remarca Florencia Tuchin en una nota para cronista.com.

Luciana Goldstein y Rocío Alalu tienen emprendimientos distintos, pero complementarios. Ponchi Ponchi, la firma de Goldstein, ofrece "comidas" hechas en pañolenci para jugar. Mientras que Alalu, con Wonderplay, propone juguetes sin distinción de género. Su producto principal es la cocinita.

Goldstein es psicóloga y su emprendimiento surgió de la necesidad de buscar materiales didácticos para sus pacientes.

"Al principio, confeccioné yo misma los juguetes. Cuando vi que funcionaban no solo en mi consultorio, sino con las hijas de mis amigas, me di cuenta que era un producto que faltaba en el mercado. Enseguida contraté a una costurera. Hoy trabajan 15 conmigo. En 2014 comencé con el proyecto y en 2015 lo profesionalicé: armé la tienda online y contraté un showroom", cuenta.

Alalu es periodista y empezó haciendo una cocinita para su hijo Vicente porque no encontraba una que le gustara en el mercado. Hoy produce cerca de 40 cocinas por mes con distintos proveedores.

Una conocida en común, al ver los emprendimientos de ambas, decidió ponerlas en contacto. "Ahí arrancamos un camino que tiene que ver con sostenerse con otros. Es muy importante generar alianzas. Hoy compartimos ferias, showrooms, diseñadora, fotógrafa e imprenta, entre otros. Nos contamos los problemas del emprendedor, nos acompañamos y nos enriquecemos" dice Goldstein.

Además, Goldstein señala que ninguna de las dos tenía mucha experiencia en el mundo comercial. Agrega: "El profesional que se lanza al comercio tiene un montón de dudas. La falta de experiencia da mucha inseguridad porque sentís que te estás jugando con algo que no sabes cómo va a funcionar".

La venta online es el principal canal para llegar a los clientes tanto para Ponchi Ponchi como para Wonderplay. El precio promedio de un kit de comida es de $600 y de una cocina, $4500.

El proyecto para este año de Ponchi Ponchi es ampliar el catálogo mayorista. La intención es hacer presencia en otros espacios como jugueterías didácticas o librerías. Un gran desafío es seguir generando un producto artesanal, pero más escalable.

"A nuestros seguidores de las redes sociales les gusta entender de dónde vienen los productos y la cadena de valor que tienen", destaca Alalu. Actualmente, los juguetes también son comprados por escuelas, restaurantes y profesionales que aprovechan estos recursos como elementos didácticos para acercarse a los chicos.

Según Goldstein, una dificultad a la que se enfrenta es que no cuenta con una inyección de presupuesto ilimitado. La joven sostiene: "El emprendedor tiene que estar todo el tiempo decidiendo donde va a poder invertir ese mes. Ponchi Ponchi estuvo en la Feria Puro Diseño el año pasado y fue una apuesta infernal. Fue la decisión del año".

Alalu apunta mucho al interior del país. "Si bien el flete encarece bastante el precio, hay un público dispuesto a pagarlo", afirma.

Desde 2005, Vivana Rybak está involucrada con el mundo infantil. Primero, trabajó en el sector de servicios en una empresa de eventos infantiles. En 2013 fue mamá y empezó a ver que en algunos rubros no encontraba lo que quería para su hija. Una de esas cosas eran los disfraces. A partir de esa inquietud creó Mishkinito.

"El mayor obstáculo fue la falta de conocimiento, empezar a recorrer talleres y rebotar constantemente. Hasta que encontramos a Cecilia, que nos ayuda con el diseño y la confección. Otro obstáculo es la baja escala de producción. Por ahora no podemos comprar piezas enteras de tela, entonces muchas veces no nos quieren vender. Llegué a ir a una casa ocho veces para convencerlos de mi proyecto y que me vendan: lo logré y nuestras colas de dinosaurio de plush son de la mejor calidad que hay en el mercado", cuenta Rybak, quien empezó a emprender con una inversión inicial de $5000.

Según la emprendedora, la empresa no compite con el mercado de juguetes industrializados. Ella explica: "Somos diferentes: manejamos un diseño exclusivo, no hacemos personajes conocidos y usamos telas de ropa y no de disfraz. Pensamos nuestros productos como un objeto de decoración, algo que mientras no se usa, puede quedar divino colgado en el cuarto de los chicos".

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Cuando Rybak piensa en el futuro de la empresa, dice que le encantaría poder contar con un mini kiosco de disfraces en shoppings, armar líneas exclusivas para otras marcas y exportar. De todas formas, tiene en claro que es un proceso de crecimiento que lleva tiempo. "Todavía no cumplimos un año y estamos aprendiendo a caminar", enfatiza.

Los adultos que le compran buscan diseño, calidad y originalidad. También hay un público consciente de la importancia de comprar a un emprendedor y generar trabajo nacional. En menos de un año Mishkinito ya logró tener stock de varios productos como: cola de dinosaurio, alas de pájaro, colas de sirena, supercapas, capas de unicornios, entre otros. Actualmente, comercializa en la tienda online, en ferias y en un punto de venta en zona norte.

La diseñadora industrial Corina Cassola emprendió Pegland tras ser mamá en 2016. "Arrancamos con los muñecos de madera en sociedad con una amiga, que por motivos personales no pudo continuar. Afortunadamente varias de las dificultades terminaron en beneficios y experiencia. Nos llevó mucho tiempo y trabajo conseguir a los proveedores. No estábamos actualizadas con las redes sociales, y eso nos llevó un tiempo y aprendizaje. Algunos productos que pensábamos fundamentales, no funcionaron tan bien y tuvimos que repensarlos", relata Cassola. La inversión inicial para Pegland fue de $40.000.

Este año, Cassola quiere seguir ampliando el canal mayorista para poder llegar a jugueterías y tiendas de diseño de todo el país. También dada la gran aceptación que tuvieron los juguetes en jardines de infantes, la idea es posicionarse como material pedagógico.

Los principales clientes son personas que tienen niños de entre 2 y 9 años principalmente, que buscan juguetes que inviten al juego, a la creatividad, a imaginar. También tienen un público adulto, ya que los muñecos son utilizados para terapias familiares, como material de jardines de infantes, y son muy buscados para los espacios de constelaciones familiares.

"Comercializamos principalmente a través de la tienda online, con envíos a todo el país y contamos con dos showrooms, uno en CABA y otro en zona norte. Además nuestros productos se encuentran en tiendas especializadas de niños, jugueterías, y algunas tiendas de diseño", dice Cassola.

Entre los grandes logros, Cassola cuenta que fueron seleccionados como representantes del diseño argentino por la tienda de la Usina del arte. También resalta la realización de regalos empresariales personalizados para el personal de un grupo empresario local.

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