18 de Febrero de 2018

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Buscan nuevas formas para subir las exportaciones

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Agro, servicios y minería, entre otros, tienen ventajas competitivas. Recomiendan abrir nuevos mercados, mejorar el tipo de cambio y bajar costos.

Repunte económico, retraso cambiario y reapertura comercial. Básicamente por estos tres factores, la Argentina cerró 2017 con el déficit comercial más alto de la historia, remarca Damián Kantor en un reporte para clarin.com.

Según datos del INDEC, el saldo negativo entre las ventas y compras al exterior de bienes alcanzó los US$ 8.471 millones. Y las proyecciones indican que este año la brecha podría crecer más.

Un informe de Abeceb indica que en enero “el déficit comercial fue de -US$ 478 millones, que contrasta con los -US$ 356 millones del mismo mes del año anterior”. Arrancamos mal.

¿Luces rojas o amarillas? La mayoría de los expertos consultados por el Económico desdramatizan. Por un lado, coinciden en que no hay riesgos a corto plazo, pero por otro no dejan de advertir que se deben incrementar las exportaciones para equilibrar la balanza, sobre todo en los sectores más dinámicos y competitivos, entre ellos el agro, servicios y la minería.

No es lo único. Lorenzo Sigaut Gravigna, economista jefe de Ecolatina, cree que hace falta una estrategia a largo plazo como complemento y atraer inversiones en áreas muy deficitarias, como la energía o la industria automotriz.

“No alcanza con vender un poco más de carne o biodiésel a Europa. Hay que incrementar la producción en Vaca Muerta, abrir nuevos mercados para la agroindustria, producir más autopartes en el país y mejorar el tipo de cambio”, dice.

Un deficiencia significativa es que la Argentina le vende sólo a 6 de los 25 principales importadores del mundo. “La Argentina tiene un problema de competitividad: altos costos de producción, de insumos y carga tributaria. Y también tiene dificultades para acceder a mercados. Europa, México, Sudáfrica, Turquía y Egipto, por dar algunos ejemplos, son grandes importadores que el país todavía no pudo ni supo aprovechar”, grafica Marcelo Elizondo, de DNI.

Nicolás Alonzo, de Orlando Ferreres & Asociados, remarca que la Argentina tiene ventajas comparativos en el rubro agroindustrial, pero que el perfil exportador requiere cambios. Dice que habría que poner “un mayor énfasis en las manufacturas agropecuarias”, para incorporar valor agregado a las materias primas. Más alimentos que porotos de soja. Otros expertos señalan que el campo tiene otras oportunidades, como es el caso de la maquinaria agrícola.

Estadísticas oficiales corroboran la necesidad de abrir nuevos mercados. Los rojos comerciales más abultados son Brasil (US$ 8.555 millones) y China (US$7.987 millones), Estados Unidos (US$ 3.153 millones), Alemania (US$ 2.630 millones), México (US$ 1.435 millones) y Francia (US$ 1.047 millones). En contrapartida, Argentina obtuvo superávits con Chile (US$ 1.767 millones), Vietnam (US$ 1.651 millones), Argelia (US$ 1.456 millones) India (US$ 1.252 millones) y Egipto (US$ 1.227 millones).

“Toda la estrategia no puede estar basada en lograr buenos precios. El Gobierno debe profundizar una política de nuevos acuerdos comerciales con la Unión Europea, Colombia, México y Asia, el más importante”, explica Dante Sica, director de la consultora Abeceb.

En ese sentido, el economista añade que “ya hay negociaciones abiertas para las carnes”. En 2017, las exportaciones netas de productos agropecuarios generaron ingresos por casi US$ 33.000 millones.

“Hay que mejorar la estrategia para acceder a mercados no tradicionales que son muy importadores, como India, Taiwan, Emiratos Arabes, Turquía, Sudáfrica, Egipto y Argelia”, insiste Elizondo. Guido Lorenzo, de la consultora ACM, aconseja además incrementar el valor de las exportaciones agropecuarias como política de fondo. “No hay que ver el mundo como un supermercado sino como una pequeña boutique”, dice.

El mundo demanda alimentos, en especial China y la India. La encrucijada son las barreras arancelarias o las políticas proteccionistas de esos mismos países, que van en busca de materias primas para procesarlas internamente.

“China está cambiando su matriz. Antes compraba más aceite que soja y ahora se inclina más por los porotos”, explica Pablo Dragun, del Centro de Estudios de la UIA. Precisamente este es el eje de las discusiones para alcanzar un acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur. Hay otras complicaciones.

Sica cree que para mejorar la balanza comercial hay que priorizar las exportaciones y no restringir las importaciones. La mayor actividad requiere de insumos, bienes intermedios y bienes de capital.

Y añade que el déficit es alto por varios factores, como la recesión brasileña: “Lo que ocurrió es que la Argentina compra mucho y Brasil no”. En este sentido, el automotriz fue uno de los rubros más deficitarios del año pasado, con un rojo de US$7.350 millones.

De todos modos, el economista pronostica que el déficit irá “disminuyendo en los próximos años”. Y que a mediano plazo, la Argentina tiene otros sectores para expandir, además de la agroindustria.

“La minería, por ejemplo, cuyas exportaciones cayeron porque los proyectos actuales están maduros (producen poco) y los nuevos se demoran a la espera de una reglamentación de la Ley de Glaciares. Eso puede generar un impacto positivo”, dice.

Lorenzo, de ACM, subraya que existen otras alternativas y “abandonar la idea de construir un país industrial para especializarnos en otros rubros, como la oferta de servicios y el software, donde contamos con un buen capital humano. No podemos pretender fabricar un producto entero para exportarlo, es un modelo viejo”, señala.

Sin embargo, aclara que hay industrias, como la automotriz, “que se pueden reactivar si se logra mejorar los acuerdos comerciales”.

Concretar esas propuestas lleva tiempo. Y por tal motivo, muchos predicen que el desequilibrio continuará varios años, sin que eso produzca alarma. Sigaut lo pone en perspectiva.

“El récord del año pasado es nominal, medido en dólares, pero representó el 1,4% del PBI. En esos términos, el 94 (2%) y el 98 (1,5%) resultaron más altos”, enumera. Pero por otro lado destaca que la producción agropecuaria es insuficiente para resolver la cuestión.

“Estados Unidos está más proteccionista. El acuerdo con Europa se dilata y la estrategia de China es importar materia prima para procesarla allá. Hace falta un plan para abrir nuevos mercados y mejorar el tipo de cambio”, comenta.

En 2017, la economía de Brasil se recuperó un 2,5% luego de tres años de recesión y proyectan una suba del 3% para 2018. Es una buena noticia para la Argentina, sobre todo para la producción de autos: el año pasado se fabricaron 472.158 unidades y ADEFA, la cámara sectorial, proyecta una suba del 20% para este año (565.000).

“Las exportaciones de autos podrían alcanzar las 300.000 unidades, es decir, un 43% de crecimiento” comparado con el año anterior.

Datos del INDEC indican que el déficit con Brasil (US$ 8.555 millones) es casi idéntico al rojo comercial total del país. El sector automotor tiene un peso decisivo: “Es el tercer rubro más deficitario, después de las máquinas y aparatos eléctricos o mecánicos y el material de transporte”, señala Elizondo. Enero fue un mes récord de patentamientos de 0 km (casi 119.000 unidades). Más el 70% son de procedencia brasileña.

Superávits y déficits, un análisis rubro por rubro y país por país

La diferencia entre importaciones y exportaciones arrojó un saldo negativo récord en 2017.La Argentina vendió al mundo un total de US$ 58.280 millones y compró por US$ 66.899 millones.

“Las máquinas y aparatos, el combustible y los autos fueron los principales generadores del déficit comercial, que no pudieron compensar los superávits de la soja y los cereales”, indica un informe de DNI.

Los datos de enero indican que la tendencia este año se profundizará. Un informe de la consultora Abeceb señala que “el déficit comercial para el inicio del año se ubicó en US$ 478 millones, significativamente mayor al nivel que se anotó durante enero 2017 (US$ 376 millones)”.

De esta manera, añade el estudio, se registró “el mayor déficit comercial para un mes de enero en más de 17 años”. En términos generales, la Argentina consume más de lo que produce, pero hay otros factores a tener en cuenta.

Una radiografía más detallada señala que el año pasado (según datos oficiales del Indec) los sectores deficitarios (14) duplicaron a los superavitarios (7).

En orden de importancia, dice el economista Marcelo Elizondo, “el mayor déficit es el de máquinas y aparatos eléctricos, luego el material de transporte, químicos y minerales. Como contrapartida, los superávits más significativos fueron alimentos, productos vegetales, grasas y aceites yproductos del reino animal”.

El ranking de países con mayor déficit comercial lo encabezan los dos principales socios comerciales de la Argentina: Brasil (US$ 8.555 millones) y China (US$ 7.987 millones). Después aparecen EE.UU. (US$ 3.153 millones), Alemania (US$ 2.063 millones) y México (US$ 1.435 millones).

El top five de los superávit fueron Chile (US$ 1.767 millones), Vietnam (US$ 1.651 millones), Argelia (US$ 1.456 millones), India (US$ 1.258 millones) y Egipto (US$ 1.227 millones).

Los expertos remarcan que la Argentina continuó perdiendo participación en los mercados globales. Las exportaciones locales de mercaderías crecieron apenas 0,9%, que contrasta con una expansión del 3,6% del comercio mundial.

Por otro lado, gran parte de las importaciones tienen como destino la producción (insumos y bienes intermedios). Apenas el 13% del total de compras al exterior son productos finales, como perfumes, ropa, muebles o alimentos. Los especialistas descartan un aluvión de importaciones.

“La Argentina es una economía altamente cerrada”, concluye Nicolás Alonzo, de la consultora Orlando Ferreres.

El informe de Abeceb sobre la balanza comercial de enero remarca que “la importación de productos ligados al sector agropecuario y de la construcción lideraron las compras al exterior. Entre ellos, tractores, máquinas aplanadoras y máquinas para uso agrícola. Y también pesaron los minerales como zinc en bruto, óxido/hidróxido de aluminio y aluminio en barras”.

Lorenzo Sigaut Gravigna, de Ecolatina, sostiene que el desequilibrio comercial merece un análisis más detallado. “Si se importa para producir bienes o para generar futuras exportaciones, no es algo preocupante. El problema son los bienes finales o el turismo. El gasto en dólares es alarmante”, dice el economista. Aunque no se computa en la balanza comercial, la cantidad de turistas al exterior pasó “de 2,2 millones a 4,5 millones entre 2011 a 2017”, según observa un informe de la consultora Econviews.

El año pasado, los argentinos gastaron en el extranjero US$ 10.662 millones, lo que representa una suba del 25%. Por el dólar barato y los altos costos locales, se prevé otro aumento a lo largo de 2018.

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