22 de Enero de 2019

El imparable avance del shale oil de Estados Unidos frena los planes de la OPEP

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El 2019 no parece ser el ideal para apostar a una suba del precio del crudo. Aunque va rumbo a los u$s 70 el barril, termina el año a un nivel inferior al del 1° de enero.

La OPEP y Rusia empezaron el año recortando la producción de petróleo, dedicaron la mitad del año a subirla y lo terminan con un acuerdo para volver a bajarla.

En resumidas cuentas, ése es el relato de lo que pasó con el mercado petrolero este año. Pero si bien es momento de mirar hacia atrás, lo que nos dice sobre el 2019 quizás esté provocando algunas noches de insomnio en Riad y Moscú.

Los precios del petróleo todavía van rumbo a promediar los u$s 70 el barril por primera vez desde el derrumbe del mercado en 2014, pero están terminando el año a un nivel inferior al que comenzaron el 1 de enero. Hay que ser audaz para apostar a que el 2019 finalizará otra vez por encima de u$s 70.

La razón, cuando uno elimina todo el ruido geopolítico que este año agitó los precios del petróleo —desde las sanciones y exenciones en Irán, el derrumbe de Venezuela, los tuits de Donald Trump y la supuesta participación de Arabia Saudita en el asesinato de Jamal Khashoggi— se reduce en un simple factor: la irresistible fuerza del shale norteamericano reapareció a un ritmo que aplasta cualquier otro acontecimiento que surja en su camino.

Eso es clave para comprender la tendencia subyacente del petróleo y sugiere que el próximo podría ser un año difícil para los países que dependen del crudo.

A principios de 2018, se esperaba que Estados Unidos agregaría algo menos de 1 millón de b/d de producción en el año, según un pronóstico de la división de estadísticas del Departamento de Energía. Otros organismos como la Agencia Internacional de Energía y la OPEP preveían cifras similares.

En cambio, la porción de shale estadounidense no sólo superó esas expectativas sino que las aplastó. Según la Administración de Información Energética de Estados Unidos, la producción de petróleo creció un promedio de 1,53 millones b/d o más del 50% de lo que habían previsto.

Ese petróleo norteamericano adicional, junto con la mayor producción de líquidos de gas natural, ilustra claramente lo que pasa cuando los precios están en un nivel que permite empezar a rellenar las diezmadas arcas de los miembros de la OPEP —la industrial del shale estadounidense empieza a expandirse a una tasa increíble.

Para ponerlo en contexto, el incremento de la producción de EE.UU. en 2018 es equivalente a agregar la mitad de la producción de petróleo de Irán al mercado en un año. El aumento interanual solo es mayor a la producción individual de ocho de los 14 países miembro de la OPEP, o nueve si se incluye a Qatar.

Con este incremento de producción, EE.UU. termina el año como el mayor productor de crudo; bombeando casi 12 millones b/d supera cómodo a Arabia Saudita y Rusia.

Para la seguridad energética de EE.UU. y un sinnúmero de compañías grandes y pequeñas que participan del sector, ésta es una buena noticia.

Pero para aquellos que dependen de que el precio sea mayor —ya sea para financiar presupuestos nacionales o, en el caso de algunas grandes energéticas, para financiar altos dividendos en un momento de gran incertidumbre de los inversores con respecto al sector— es un motivo de preocupación.

La OPEP, encabezada por Arabia Saudita, y Rusia decidieron a principios de este mes que era mejor recortar la producción y apuntalar los precios que tratar de hacer sufrir a la industria del shale con un período de bajos ingresos. Tras intentar eso en 2014, Arabia Saudita no está con ánimo de repetir el experimento tras el impacto que tuvo el barril de petróleo a u$s 40 en su economía.

Pero si bien la mayoría de los operadores piensan que la decisión de remover 1,2 millones b/d del mercado será suficiente para apuntalar los precios en el corto plazo, al mismo tiempo el shale va a crecer a un ritmo tremendo.

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Esto amenaza a países como Arabia Saudita y Rusia con el fantasma de una interminable ronda de recortes que simplemente abren paso al shale, mientras la producción fuera de su control crece más rápido que la demanda global.

Podrían conseguir un respiro a mediados de 2019 si EE.UU. endurece las sanciones contra las exportaciones de petróleo iraní, tal como muchos esperan, especialmente si los precios se moderan en torno a los actuales niveles cercanos a u$s 60 el barril.

El gran tema es el crecimiento del shale y cómo los mayores productores pueden responder. Los países y las compañías que se aferraron al mantra de bajar costos durante la breve recuperación del petróleo en 2018 probablemente ahora lo agradezcan.

El año próximo no parecería ser el ideal para apostar a una fuerte suba del precio dado el giro a largo plazo que el shale estadounidense ha consolidado en este mercado.

Fuente: Financial Times

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