22 de Enero de 2019

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La lucha de Trump con la Reserva Federal provocará más turbulencias

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La crisis de los mercados no es grave, pero las presiones del mandatario para cambiar la política monetaria augura aún mayor volatilidad para el próximo año.

La semana pasada, Donald Trump (izquierda) desconcertó a los mercados al implorarle a la Reserva Federal que dejara de subir las tasas de interés. Esta semana, intensificó esos ataques, insinuando que pudiera despedir a Jerome Powell, el presidente de la Fed.

Steven Mnuchin, el secretario del Tesoro, intentó deshacer el daño, sugiriendo que el trabajo de Powell (derecha) estaba a salvo. Pero el desventurado Mnuchin creó una alarma adicional al revelar que había hablado con los líderes de los bancos más grandes de EE.UU. para discutir su liquidez.

Como era de esperarse, eso desencadenó un drama nada festivo. El 24 de diciembre, los mercados bursátiles estadounidenses sufrieron la mayor caída registrada en una Nochebuena. Aunque el miércoles registraron su mayor subida en casi 10 años.

Entonces, ¿qué deben pensar los inversores? Si desean ser optimistas, pueden escuchar la explicación ofrecida por algunos miembros del gabinete: los eventos reflejan una "corrección normal del mercado", exacerbada por los cambios en las estructuras del mercado y algunos "traspiés" de relaciones públicas.

Su argumento es que durante la década transcurrida desde la crisis financiera, la reforma regulatoria llevó a los bancos a abandonar sus roles tradicionales de creadores de mercado.

El comercio electrónico explotó en escala, lo cual significa que las máquinas, no los humanos, están moldeando los flujos de las transacciones de los mercados de valores. Eso cambió la liquidez y dejó a los mercados susceptibles a las sacudidas, ya sean malas noticias económicas con respecto a China o tuits desconsiderados o declaraciones poco aconsejables.

Sin embargo, los funcionarios insisten en que los mercados se calmarán una vez que los inversores recuerden que la economía estadounidense sigue siendo sólida. Como lo declaró un alto funcionario de la administración: "Los problemas de la estructura del mercado aumentaron la volatilidad en ambas direcciones y, en retrospectiva, malinterpretamos los asuntos de relaciones públicas (con respecto a la declaración de Mnuchin). Estaba destinada a ser una señal de que todo está funcionando bien, pero fue malinterpretada".

Esta explicación no es del todo fantasiosa: las estructuras del mercado cambiaron de una manera que hace que los cambios de precios sean más impredecibles. Pero, en mi opinión, existe otra forma más "sombría" de interpretar los eventos de esta semana. A dos años del comienzo de la presidencia de Trump, los inversores cuestionan la credibilidad financiera de la administración.

Un cínico pudiera argumentar que este reto no es particularmente nuevo: Trump brindó interminables sorpresas políticas durante los últimos dos años porque depende de las políticas de riesgo calculado para lidiar con los rivales nacionales y extranjeros. Sólo hay que pensar en la guerra comercial o en la disputa sobre la financiación del muro con México.

Pero lo que cambió es que el presidente no sólo sembró el desorden en la Casa Blanca, sino que también amenazó con hacerlo en la Fed.

Al atacar a la Fed de una manera tan burda, socava una de las pocas instituciones de Washington que brinda una presencia política consistente y calmada en medio del caos. Y, lo que es peor aún, al exigir una política monetaria flexible, el presidente también manifestó su deseo de promover medidas alcistas temporales en la economía, como recortes de impuestos o tasas más bajas, sin importar el costo a más largo plazo.

Afortunadamente, esto no causó nerviosismo en el mercado de bonos (todavía). Por el contrario, el rendimiento a 10 años está rondando el 2,8%. Pero vale la pena recordar que el ataque a la Fed se produce en un momento evidentemente inoportuno: el déficit del presupuesto federal está explotando y está en camino a superar el billón de dólares el próximo año por vez primera. Además, la mayoría de los economistas pronostican que el crecimiento se desacelerará el año próximo, sin siquiera tener en cuenta guerras comerciales adicionales.

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En la mayoría de los países, un cóctel tan pernicioso hubiera provocado una crisis monetaria y de bonos. Sin embargo, esto no sucedió en EE.UU. porque su economía es relativamente sólida y porque el gobierno disfruta del llamado "privilegio exorbitante" de controlar la moneda de reserva mundial.

Pero una forma de interpretar los eventos de esta semana es que algunos inversores empiezan a reflexionar sobre los límites de este privilegio, o se están preguntando qué sucederá a continuación. Se preguntan si el presidente obliga a Powell a renunciar, ¿qué pasará con la inflación? ¿Cuántos estimulantes a corto plazo más tratará de producir? Y si el déficit continúa explotando, ¿podemos suponer que los inversores continuarán financiándolo mediante la compra de bonos?

Algunas personas alrededor de. Trump entienden estos riesgos. De ahí el deseo de hombres como Mnuchin y Kevin Hassett, el presidente del Consejo de Asesores Económicos, de comunicar que Powell se mantendrá en su cargo. Pero si el crecimiento de EE.UU. se desacelera, el presidente seguirá buscando más medidas alcistas temporales, así como chivos expiatorios.

La moraleja para los inversionistas es clara: no se preocupen por los eventos de esta semana. Pero prepárense para una mayor volatilidad en 2019. Y mantengan sus agendas flexibles para enfrentar la turbulencia adicional provocada por Trump.

Fuente: Gillian Tett / Financial Times

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