22 de Junio de 2018

Occidente debe aceptar el ascenso de China y adaptarse

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Los países desarrollados no pueden pretender manejar el mundo si son incapaces de conducir sus propios asuntos

Los países avanzados de la actualidad, dominados por Estados Unidos y por Europa, representan una preponderante porción de la economía global. El 14% de la humanidad que habita en países avanzados genera el 60% de la producción mundial a precios de mercado y el 41% a paridad de poder adquisitivo (PPA).

Pero eso no se prolongará mucho en el tiempo: en 1990 los países avanzados generaba el 78% de la producción mundial a precios de mercado y el 64% a PPA. Occidente debe aceptar su relativo declive o para evitarlo participar de una lucha extremadamente inmoral, y probablemente ruinosa. Ésa es la verdad más importante de nuestra era.

Ésta es la razón por la cual los occidentales deben pensar cómo ven el mundo quienes viven en las potencias en crecimiento. Es probable que China, en particular, emerja como la mayor economía del mundo. Debemos evaluar y sopesar las opiniones de quienes dirigen el país. Lo siguiente es una evaluación de lo escuché en reuniones de alto nivel en Beijing:

Necesidad de un gobierno fuerte

Un hecho digno de mención es la creencia de nuestros interlocutores de que la estabilidad política de China es frágil. La historia indica que ellos están en lo cierto. Los últimos dos siglos han sido testigos de numerosos desastres provocados por el hombre, desde la Rebelión Taiping del siglo XIX hasta el Gran Salto Adelante y la revolución cultural.

Por lo tanto, es bastante fácil entender por qué los miembros de la élite parecen convencidos de que es esencial la renovación del Partido Comunista, bajo el control de Xi Jinping. Debemos recordar que los trastornos de la modernización y de la urbanización que actualmente atraviesa China desestabilizaron a Europa en el siglo XIX y a principios del siglo XX.

Sin embargo, este mayor control podría descarrilar la economía o generar una explosión política en un país que contiene un pueblo cada vez más alfabetizado, más interconectado y más próspero. China desea ser un enorme Singapur. ¿Puede serlo?

Modelo occidental desacreditado

La élite china tiene razón: lamentablemente lo están. La visión dominante del resto del mundo solía ser que Occidente era intervencionista, egoísta e hipócrita, pero competente. Después de la crisis financiera y del aumento del populismo, la capacidad de Occidente de manejar adecuadamente sus sistemas económicos y políticos se ha puesto en tela de juicio.

Para aquellos que creen en la democracia y en la economía de mercado como expresiones de libertad individual, estos fracasos son alarmantes. Sólo pueden abordarse mediante reformas. Desafortunadamente, lo que Occidente está obteniendo en su lugar es una improductiva ira.

China no quiere gobernar el mundo

Sobre este punto podemos expresar dudas. Por primera vez, China se convertirá en una gran potencia dentro de una civilización global. Al igual que todas las grandes potencias anteriores, China seguramente deseará organizar el orden global y el comportamiento de otros Estados (y también de las organizaciones privadas) a su gusto.

China también tiene numerosos vecinos, muchos de ellos históricamente aliados a EE.UU. China ya está tratando de expandir su influencia, especialmente en el mar de China Meridional. También está intentando influir en el comportamiento,particularmente el de todos los estudiantes chinos, en el extranjero. Todo esto representa la inevitable extensión del poder chino en el exterior.

Ataques de Estados Unidos

La élite china tiene razón en pensar que los estadounidenses consideran cada vez más a su país como un rival; de hecho, como una amenaza. Losnorteamericanos, a su vez, argumentan que China los está atacando al extender su poder militar y debilitar a sus aliados, principalmente Japón.

La verdad es que el poder es, inevitablemente, un juego de suma cero. EE.UU. considerará el aumento del poder chino como una amenaza, cualquiera sean las intenciones de China.

Además, muchos estadounidenses, de hecho, muchos occidentales, realmente no aceptan las posiciones chinas en cuanto a Tíbet y a Taiwán, desconfían de las intenciones de China, y les molesta su éxito. Tal desconfianza mutua le da cabida a la llamada "trampa de Tucídides", con la sospecha entre la potencia establecida y la potencia en ascenso.

Los objetivos de EE.UU. en las negociaciones comerciales son incomprensibles

China tiene razón: son absurdos. Pero dentro de ellos hay cuestiones genuinamente importantes, la propiedad intelectual en particular.

Sobrevivir a los embates

Esto es, casi seguramente, cierto. A menos que EE.UU. rompa todos sus compromisos y busque imponerle un embargo económico a China, la actual fricción no detendrá el progreso de China, aunque pueda desacelerarlo. Una mayor amenaza para China radicaría en la reacción interna a un entorno externo mucho más hostil.

La respuesta más probable sería un control político y económico más estricto, en lugar del cambio necesario hacia una economía más orientada al mercado, más conducida por el sector privado y más impulsada por el consumo.
Un año revelador

Sin duda lo será. De hecho, éste será un siglo revelador. La perspectiva correcta que Occidente debería adoptar es que China es un importante competidor. Su ascenso creará un sinnúmero de dilemas para Occidente y especialmente para EE.UU. Pero China también es un socio esencial para garantizar un mundo razonablemente cooperativo, estable, próspero y pacífico.

Occidente necesita pensar con mucho más detenimiento cómo debería funcionar un mundo como ése. El punto de vista de la administración estadounidense de que el ejercicio del poder unilateral estadounidense es todo lo que se necesita fracasará.

No gestionará los bienes comunes globales de esa manera, aunque es un hecho que a la administración Trump no le preocupa eso en lo absoluto. Tampoco alcanzará la estabilidad: si lo duda, debería mirar el hervidero en que se convirtió Medio Oriente después de interminables intervenciones.

Es esencial que los occidentales se den cuenta de que nuestra incapacidad para gobernar adecuadamente nuestros propios países se ha convertido en nuestro peor enemigo. Mientras tanto, el único futuro para un mundo interdependiente debe basarse en el respeto mutuo y en la cooperación multilateral. Esto no significa aceptar todas las demandas chinas como legítimas.

Lejos de eso. Una resistencia basada en principios es esencial. Pero estamos cambiando de un pasado dominado por el Occidente a un futuro posoccidental. Tenemos que sacarle el máximo provecho posible.

Fuente: Martin Wolf / Financial Times

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