21 de Agosto de 2018

Conversaciones difíciles en la Empresa Familiar

Valora este artículo
(0 votos)

Por Jorge Hambra. “Argumento contra argumento” es la forma más común de enfrentar una conversación, así como el camino más difícil para lograr un acuerdo satisfactorio que permita a las partes coordinar acciones en beneficio de la empresa.

Entonces… ¿por qué la utilizamos? En la mayoría de las ocasiones lo hacemos debido a que no estamos preparados para “persuadir” al otro a que realice las acciones que consideramos se deben llevar a cabo, más bien buscamos obligarlo argumentando nuestros motivos y sin “comprender” su pensamiento.

De esta forma nos enfrentamos a diferentes estilos de conversaciones difíciles que, además de resultar estériles, generan desgaste en las relaciones y no conducen a los resultados esperados por ninguna de las partes.

La CONVERSACIÓN DEL QUE PASÓ

La mayoría de las conversaciones difíciles implican un desacuerdo entre lo que pasó o debió haber pasado y se basan principalmente en investigar: quién dijo qué, quién tiene la culpa, quién tiene razón, quién hizo qué... En cualquiera de los temas que nos centremos resultará muy poco probable que se llegue a un acuerdo, puesto que nos inclinamos a pensar que los demás son el problema, suponiendo que son egoístas, controladores e irracionales.

En esta conversación cada uno defiende su versión, se olvida que la información que manejan ambas partes es diferente y se interpreta de forma individual, y ninguno se detiene en lo que el otro intenta decirnos.

Para salir de la encrucijada, se recomienda: considere su opinión como una hipótesis; comparta el impacto que las acciones de los demás tienen sobre usted; pregunte a los demás cuáles fueron sus intenciones; reflexione sobre sus propias intenciones y cuánto contribuyó cada uno en la intensidad o perdurabilidad del conflicto; hágase cargo de su contribución; ayude a los demás a comprender su contribución; explique sus observaciones y razonamientos; deje en claro lo que usted espera que el otro haga distinto.

La CONVERSACIÓN DE SENTIMIENTOS

Hacer y responder preguntas sobre los sentimientos desviándonos del tema central a tratar es muy común cuando nos encontramos trabajando con personas con las cuales hemos compartido toda una vida, sin darnos cuenta los sentimientos se filtran en las conversaciones, matizando la conversación y disminuyendo la atención al tema que se desea tratar.

Por el contrario, tendemos a pensar: ¿es correcto que me traten de esta forma?, ¿debo expresar mis sentimientos o guardármelos?, ¿qué estará sintiendo el otro? y ¿qué pasa si se enoja o se siente herido?

Un buen comienzo en estos casos es reconocer el propio manejo de los sentimientos: qué emociones considera válidas expresar; cuáles son las más difíciles de manifestar; con quiénes considera que es más fácil o más complejo hacerlo; por qué cree que esto sucede; acepte que los sentimientos son normales y naturales; reconozca que todas las personas tenemos “buenos” y “malos” sentimientos; amíguese con la idea de que sus propios sentimientos son tan válidos como los de los demás; descubra los sentimientos que generan nuestros juicios y suposiciones y, por último, intente transmitir sus sentimientos sin juzgar, atribuir o culpar.

La CONVERSACIÓN DE LA IDENTIDAD

Esta conversación tiene el potencial de alterar la historia que nos contamos acerca de nosotros mismos. En lugar de centrarnos en el tema a tratar, es natural que a partir de los comentarios del otro nos sintamos heridos y tendamos a pensar: ¿soy competente?, ¿soy buena persona?, ¿soy digno de amor?

Una herramienta efectiva consiste en empezar por afirmar la propia identidad: reconozca los propios puntos sensibles; recuerde conversaciones en las que se sintió particularmente afectado y reflexione acerca de cuáles fueron los motivos y en qué medida su identidad fue amenazada e intente salir de la falsa disyuntiva entre “Soy perfecto” y “Soy inútil”.

Todo esto lleva a aceptar que siempre se cometerán errores, que las intenciones son complejas y que hemos contribuido al problema.

A partir de esto se debe tratar de no controlar las reacciones del otro, prepararse para ellas y tomar distancia para observar la situación desde otra perspectiva.

 

Jorge O. Hambra es director del Club Argentino de Negocios de Familia (CANF) 

www.canf.com.ar

Consultor en Desarrollo & Capacitación de Recursos Humanos Se recibió de Psicólogo en la Universidad de Buenos Aires.
Fue profesor en diferentes universidades y Centros de Posgrado de primer nivel entre las que se destacan: Universidad del Salvador, Universidad de Buenos Aires, Universidad Maimónides, ESEADE, Fundación Libertad –Maestría en Economía y Administración-, Universidad de Belgrano, Escuela de Negocios de la Cámara Argentina de Comercio y la Escuela Superior de Concesionarios de Renault.

Comentario en Facebook

Copyright 2012 © - Todos los derechos Reservados | Design by ideas2.com.ar