15 de Diciembre de 2018

LAS PELEAS EN LOS NEGOCIOS FAMILIARES

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Por Horacio Bellotti. Transformar el enojo que destruye en enojo que resuelve.

Nos enojamos cuando algo nos frustra: me prometieron algo y no cumplieron, esperaba algo y no ocurrió, etc.

Cuando la energía del deseo encuentra un obstáculo me enojo y al no saber cómo transitarlo se convierte en un problema más. Si el otro está actuando «a propósito» la frustración se multiplica y me lleva al enojo destructivo.

En cambio, si el obstáculo no tiene voluntad de perjudicarnos entonces estaremos frustrados pero no enojados.

Algunos elijen vivir creyendo que siempre hay una persona o el destino que se opone a sus objetivos, y viven todo el día enojados y resentidos; como emocionalmente en guerra con todo y con todos.

Y cada obstáculo o amenaza que lo frustre activa únicamente enojo. La manera en que reaccionamos puede ocupar un lugar mayor o menor en la vida de cada uno y depende de cómo quiere cada persona vivir.

En la empresa de mi familia había una habitación de 1 x 1 mt sin sillas ni mesa donde se podía gritar, golpear, hacer todo lo necesario para descargarse y volver tranquilo para intentar resolver el problema que provocó el enojo. Se llamaba “el puteadero”.

La descarga es necesaria pero jamás debe convertirse en algo destructivo por el deseo de hacer sufrir. Esta es la versión más cruel y baja del enojo.

Cuando el enojo se enfoca en resolver, entonces repara y construye, por ejemplo un acuerdo que asegure que ese problema no se repita. ¿Cómo? Me alejo para no agredir y luego en calma le doy a conocer, claramente, lo que siento para que él conozca lo que me pasa con lo que hizo o dejó de hacer. Por último incluyo una propuesta para reparar y evitar que se repita.

El enojo entonces se transforma en un medio para resolver un problema y no herir a quien nos ha irritado, descalificando, insultando, reprochando y castigando.

Si estamos atentos a las discusiones diarias verán que en general predomina: «¡No digas pavadas!; ¡Sos un resentido!; ¡Eso es una estupidez! ¡Sos un hijo de p...! ¡Sos un amargado! ¡No servís para nada! ¡Nunca sabés nada! Hacés todo mal! ¡Sos una histérica!», etc.

Uso las palabras para atacar al otro con “patadas ninja verbales” emitiendo un juicio descalificatorio acerca de lo que el otro «es». Es decir, agraviar e insultar porque «lo que más me descarga es que el otro sufra». Así es cómo se fabrican peleas que en lugar de resolver un problema, lo agrava y multiplica.

Prefiere ejercer el enojo de manera inmadura (¡Quiero esto, y no me importa nada!) o madura (presento mi necesidad claramente en forma de proposición y no de imposición). Cuando el enojo toma el camino infantil e inmaduro, todos pierden.

En el aprender a enojarse bien no existe ninguna renuncia de importancia. Se trata de desarrollar la capacidad de resolver problemas, y al hacerlo todos se benefician.

# Enojarse y pelearse es lo mismo.

Ese enunciado es falso y te prepara para la guerra continua.

Pelear es la batalla con el deseo de vencer y se agravian, se insultan y se hieren dejando un residuo de heridas, resentimiento y culpa.

El enojo bien manejado es un desacuerdo respecto de un problema a resolver. Y damos un primer paso hacia su posible resolución cuando manifestamos —sin enjuiciar, ni gritar ni insultar— nuestro desacuerdo, comunicando lo que necesitamos. Luego, proponemos alternativas para resolver.

Para quienes tienen la tendencia a pelear prueben responder esta pregunta para tener una nueva actitud mental: ¿cuál es el mejor modo de resolver esto? ¿Cuál es el hecho? Ponemos sobre la mesa cosas fácticas, medibles, no emociones.

#Cuando me enojo y se me sale la cadena no me interesa proponer sino exigir...

La escalera emocional recorre estos peldaños: pedir, sugerir, invitar a , proponer alternativas, demandar, reclamar, exigir , imponer y ordenar.
La diferencia está en admitir el «no» como respuesta:

_Cuando pedimos, sugerimos, invitamos o proponemos estamos admitiendo al «sí» y al «no» como respuestas igualmente legítimas y con el mismo valor y peso.

_En cambio cuando demandamos, reclamamos, exigimos o finalmente, imponemos u ordenamos, le quitamos entidad al “no” y preferimos pelear.

Atención con el tono de la voz, la mirada y la postura del cuerpo porque no solo es importante el contenido del mensaje (lo que se dice), sino a las formas (cómo se dice). El tono con que algo se dice es lo que muchas veces define si se trata de una propuesta, una demanda o una orden.

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Del fracaso a la confianza

Existen situaciones en las que la orden es pertinente y necesaria pero jamás debe faltar la mirada a los ojos, sincera y franca acompañado del respeto y las palabras por favor, gracias y permiso.

Si para que termine nuestro enojo necesitamos un cambio en la actitud del otro, nuestra única posibilidad es transmitírselo y dialogar todo el tiempo necesario dejando muy en claro que «sí» y el «no» son respuestas igualmente legítimas, más allá de que una pueda no gustarnos.

# Cuando me enojo con la gente de la familia que quiero, me trae problemas...

Si quiero a alguien puedo además estar en desacuerdo, no es que si expreso mi enojo de forma educada y sin agredir el afecto se perderá. Al contrario se fortalecerá. Se trata de expresar el enojo con afecto.

En sentido opuesto, cuando creo que enojarme es pelearme, multiplico la patada verbal y voy deteriorando el vínculo muchas veces empujándolo a situaciones sin retorno.

¡No tendría que haber hecho esto! o ¡Tendría que haber hecho tal cosa! implican decir cómo debería ser el otro. Por supuesto que uno se frustra y sufre mucho cada vez que el otro no se ajusta a ese comportamiento.

Lo que sirve para comprender y comienza el proceso de cura del vínculo es:

“El otro es el otro y en última instancia está más allá de lo que yo creo que le conviene. Por lo tanto, reconozco el derecho de actuar como actúa y no significa que yo quede sometido. Allí termina mi derecho y mi espacio. Él puede decir que sí o que no, y admito esas dos posibilidades. En función de su respuesta veré qué es lo que hago”.

# Siempre me contesta mal y sigue haciendo lo que quiere...

Expresar bien el enojo no garantiza que el otro vaya a cambiar de acuerdo con nuestro deseo. Es probable que perdure en el otro su manera habitual y destructiva de enojarse. En ese caso lo que uno sí tiene es la certeza de que yo actué correctamente, estoy en paz conmigo, y que las cosas están como están. A partir de allí resulta más sencillo tomar la decisión que corresponda a ese momento.

# Cuando me enojo me desorganizo y me da impotencia

Frente al obstáculo aparece el enojo como energía. Si no la canalizo, transformándola en algo positivo, la sobrecarga me desorganiza y desordena, y en lugar de fortalecer sobreviene la desesperación de la impotencia.Todo me sale mal, quedo cargado y me siento como un hámster en una ruedita.

# Ayudar a una persona a utilizar bien su enojo y trascenderlo

Se trata de enseñarle nuevos recursos que le permitan encauzar esa energía hacia la solución del problema que provocó el enojo.

Ejercicio:

1- Evocá algún evento que te provocó mucho enojo.
2- Recordá quiénes estaban involucrados, imaginalos.
3- Cuál era el tema por el que discutieron.
4- Cuál fue la reacción de cada uno, incluso vos.
a. Si hubo insultos expresos o tácitos (tono).
b. Si dijiste lo que sentías frente a lo que le hicieron.
c. Si formulaste alguna propuesta para resolver la situación.
d. Si intentaste castigar al otro por lo que vos decís que te hizo.
Ahora, imaginá cómo respondería tu mejor versión.

# Tiempo

Si deciden introducir cambios en su manera de reaccionar, esto levará tiempo y una constante para que sea, primero un buen hábito y luego se transforme en un modelo mental. En el interín, entendiendo cuál es la función positiva del enojo y cuál es el camino que más se adapta, comienzan a reconocer mejor sus errores habituales.

A veces el enojo es un vehículo disparado a alta velocidad y enfrenta una curva, entonces frená! y no vuelques porque necesitás tiempo e ir más despacio para girar.

Creo que vale la pena probar, porque cuando aprendo a utilizar la energía del enojo para resolver el desacuerdo con el menor daño posible hacia mi vida y la de los que me rodean, no es la paz aun, sino el comienzo del fin de la guerra inútil.

 

Horacio Bellotti es Business Coach cetificado (International Coaching Federation) 
www.bellotti.com.ar

Coach Ejecutivo y Mentor para invididuos que se desempeñan dentro y fuera de organizaciones, que están interesados en llevar adelante cambios enfocados en: aprender a manejar el stress diario, quieran diseñar acciones concretas para llevar sus carreras hacia puestos de mayor responsabilidad ganando protagonismo,orientarse a los resultados, mejorar sus relaciones interpersonales, aprender a pedir, y construir una red virtuosa de contactos, explorando su interior para encontrar que hay una manera de vivir los procesos de carrera de manera eficiente y efectiva sin dejar la salud en el intento.

Está acreditado por ICF como Coach Asociado con una lista de clientes que incluyen todos los niveles de las empresas en farma, healthcare, consumo masivo. Asimismo, asisto a independientes y emprendedores a diseñar sus caminos alternativos.

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