10 de Diciembre de 2018

La tecnología avanza con el sueño de superar los embotellamientos

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Las ideas innovadoras de las grandes compañías tecnológicas avanzan en la carrera por la utopía vial.

En mi primer día como periodista en Silicon Valley, presencié lo que en mi opinión era la mejor presentación que había visto en mi vida.

Después de aterrizar en el techo y descender en rápel hasta el suelo, los especialistas montaron bicicletas BMX y las condujeron hacia el escenario, donde Sergey Brin, el cofundador de Google, los estaba esperando.

Brin, el jefe del laboratorio experimental X de Alphabet, tiene cierto gusto por los dirigibles. Utilizando su fortuna estimada en u$s 50.000 millones, ha invertido en una empresa "startup" que está construyendo un nuevo tipo de aeronave en el corazón de Silicon Valley.

Es apenas uno de los muchos esfuerzos personalmente respaldados por multimillonarios para solucionar un problema que afecta incluso a los empresarios más ricos: el tráfico.

Los embotellamientos son los grandes igualadores del siglo XXI. Ya sea que hayas fundado Facebook o trabajes en la cafetería, ya sea en Los Ángeles, Londres, Pekín o Delhi, no puedes llegar muy lejos sin ser presa de la congestión vial. Los servicios de transporte privado como Uber, Lyft, Didi o Grab sólo han exacerbado el problema.

Si bien todos lo sufrimos, pocos tienen la combinación de imaginación, recursos y arrogancia necesaria para pensar que podemos solucionarlo mediante la innovación. El jefe de Tesla y SpaceX, Elon Musk, tiene a su Boring Company excavando túneles bajo Los Ángeles y Chicago.

Larry Page, cofundador de Brin en Google y ahora director ejecutivo de Alphabet, invirtió en al menos tres empresas "startup" de vehículos eléctricos de "despegue y aterrizaje vertical", más conocidos por el resto de nosotros como coches voladores.

Tesla, Waymo, propiedad de Alphabet, y muchas otras compañías, también invirtieron en la conducción autónoma. Algunos inversores apuestan a que la solución es más sencilla: motonetas eléctricas y bicicletas que se pueden alquilar mediante aplicaciones para teléfonos inteligentes.

De hecho, aunque los multimillonarios están de acuerdo sobre la magnitud del problema, todavía están discutiendo la solución correcta: el alardoso Musk y sus túneles luchan contra el empresario de bajo perfil, Page, y sus taxis aéreos.

Aunque en los últimos años se ha demostrado que la innovación tipo "moverse rápidamente y romper cosas" puede causar importantes daños colaterales, las ambiciones de Silicon Valley siguen aumentando. Sus habitantes quieren "curar" la muerte, colonizar el sistema solar y construir máquinas con inteligencia humana real.

En comparación con esas ideas, la congestión vial puede parecer más trivial. Pero ni siquiera los trabajadores de la tecnología que pueden pagar los altísimos alquileres de San Francisco pueden ir del vanguardista distrito Mission a Palo Alto más rápidamente que un ingeniero común y corriente.

Algunos millonarios de la tecnología han creado su propia solución: dotar camionetas indiferenciadas con oficinas o guaridas móviles, sofás, pizarras y PlayStations invisibles detrás de las ventanas oscuras. ¿Quién necesita coches sin conductor cuando puede pagar un conductor privado en todo momento?

Pero detrás de la obsesión de volar o excavar bajo el tráfico, quizás también existe la comprensión de que las grandes compañías tecnológicas necesitan solucionar algunos de los problemas que han creado. Y uno de esos problemas es Uber.

Un estudio realizado en 2017 por la Autoridad de Transporte del Condado de San Francisco reveló que las velocidades promedio de viaje en las horas pico a través de rutas arteriales clave han disminuido en más del 25% desde 2009, el año en que se fundó Uber.

Según la Autoridad, los servicios basados en aplicaciones como Uber y Lyft crecieron rápidamente y representan el 9% de todos los viajes realizados por personas en la ciudad.

Aunque los aumentos de población también tienen parte de la culpa, el estudio responsabiliza a estas "compañías de redes de transporte" por el 50% del cambio en la congestión vial entre 2010 y 2016, medido por el aumento de los retrasos y la disminución de la velocidad.

En San Francisco, muchas compañías incluso les pagan los viajes en Uber hacia y desde la oficina a sus empleados. Esto no sólo aumenta la congestión vial, sino que también priva a la red de transporte público de pasajeros e ingresos.

Teniendo en cuenta estos problemas, Uber está invirtiendo tanto en coches autónomos como en coches voladores, con la esperanza de impulsar sus perspectivas de crecimiento a largo plazo. Sin embargo, aún no está claro si los coches autónomos pueden aliviar la congestión vial si los conductores humanos también permanecen en las calles.

A principios de este mes, di una vuelta por San Francisco en uno de los coches sin conductor que está probando la empresa "startup" Zoox de Silicon Valley, que logró recaudar casi u$s 800 millones en financiamiento privado.

El vehículo utilitario deportivo de Zoox esperó a los peatones, dio complicadas vueltas a la izquierda y pasó por callejones empinados, y todo eso sin romper ningún espejo retrovisor. No estoy seguro de que yo podría hacer lo mismo.

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Pero cuando mi robot Zoox se detuvo detrás de una camioneta de FedEx que se había detenido cerca de una esquina cerrada, quedó desconcertado. La doble línea amarilla en nuestra calle de dos vías le impedía rebasarla.

Ése es el momento en el que los conductores humanos comienzan a tocar la bocina impacientemente. Después de una larga pausa, el conductor de seguridad el que se sienta detrás del volante listo para tomar el control si algo sale mal tomó el volante y rebasamos la camioneta.

Zoox dice que el problema del "vehículo estacionado en doble fila" se soluciona con un mejor software y manejo del "teleoperador" que intervendrá desde el comando central. Pero aun así, me preocupa que los robo-taxis terminen por frustrar a los conductores humanos.

El cofundador y director de tecnología de Zoox, Jesse Levinson, insiste en que sus robots pueden aliviar la congestión vial. Si los robo-taxis fueran más económicos quizás menos personas estarían buscando estacionamiento en las calles, lo cual, según Levinson, representa un tercio del tráfico. Con el tiempo, los robots receptivos podrán conducir más cerca del coche frente a ellos que un humano distraído.

Dentro de cinco años, es posible que veamos estos problemas desde el cielo, si las predicciones de Uber son correctas. Calcula que puede comenzar a operar "taxis aéreos" comerciales desde el año 2023 en Dallas y Los Ángeles, sus ciudades elegidas. La idea de "Uber Air" es operar una red de aeronaves eléctricas que sean un híbrido de helicóptero, dron y avión privado.

Uber no quiere construir ni poseer los propios vehículos voladores, pero ya hay docenas de empresas "startup" construyendo este tipo de aeronaves. Estas aeronaves irán trasladándose entre "vertipuertos" que Uber puede posicionar estratégicamente basándose en los datos de su negocio de enrutamiento de automóviles.

Todo lo que necesita es gente que fabrique los vehículos, construya los vertipuertos y supervise el abarrotado espacio aéreo, y varios Larry Page más que los financien. Suena loco, pero Uber se lo está tomando en serio. La cumbre "Uber Elevate", que reúne a empresarios, fabricantes y reguladores de la industria aeroespacial, acaba de celebrar su segunda edición.

Fuente: Tim Bradshaw / Financial Times

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