26 de Septiembre de 2018

No hay buenas noticias para el trabajo en la era de las máquinas inteligentes

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Ya en 1984, en su libro Los caminos del Paraíso, el autoproclamado reformista revolucionario André Gorz declaró sin rodeos que la revolución microeconómica anuncia la abolición del trabajo.

Incluso afirmó que el trabajo asalariado puede dejar de ser una preocupación central para fines del siglo. No elegió un buen momento, pero los analistas serios piensan que su enfoque era correcto. La pregunta es qué podría significar para la humanidad un mundo de máquinas inteligentes.

¿Se volverán los seres humanos tan económicamente irrelevantes como los caballos? Si es así, ¿qué pasará con nuestra autoestima individual y con la organización de nuestras sociedades?

En una reciente presentación, Adair Turner, expresidente de la entidad reguladora financiera británica y presidente del Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico, aborda estas preguntas. Él partió de la suposición de que las máquinas inteligentes, a la larga, podrán realizar la mayoría de los trabajos actuales mejor que las personas y a un menor costo.

Esto, argumenta, es una cuestión de cuándo sucederá, no si sucederá. Y ocurrirá debido al progresivo avance de la potencia de procesamiento, a la capacidad de replicar software sin costo, y al mayor aprendizaje automático. Los robots van a hacer que perdamos nuestro trabajo.

Basándose en el informe Un futuro que funciona, publicado por el McKinsey Global Institute el año pasado, Lord Turner agregó que este futuro no llegará de manera uniforme: algunos se verán más afectados mucho antes que otros. Además, incluso si las máquinas inteligentes no pueden llevar a cabo todos los aspectos de un trabajo determinado, podrán desplazar a una enorme cantidad de empleados.

Con la tecnología actual, las tareas físicas predecibles y la recopilación y el procesamiento de datos serán particularmente vulnerables. Los servicios de alojamiento y gastronomía, la industra fabril y el transporte serán muy sensibles.

Según un artículo de Jason Furman, el expresidente del Consejo de Asesores Económicos de EE.UU., y Robert Seamans, de la Escuela de Negocios Stern, quienes ganan menos y quienes cuentan con menos educación corren mayor riesgo.

Lord Turner asegura que lo que está sucediendo también explica la paradoja de la productividad rápida innovación, pero un bajo crecimiento de la productividad. Gran parte de la explicación quizás sea el cambio de empleos relativamente bien remunerados en sectores con crecimiento de la productividad relativamente rápido, como la industria fabril, hacia trabajos relativamente mal pagados en sectores con bajo crecimiento de productividad, como el de cuidado personal, de asistentes de salud a domicilio y de comercio minorista.

De los 10 sectores estadounidenses con el mayor crecimiento pronosticado del empleo entre 2014 y 2024 los cuales se espera que generen el 29% de todos los nuevos empleos, ocho tienen salarios medios por debajo del promedio nacional. Esto, por supuesto, empeoraría la desigualdad y tendría implicaciones extremadamente negativas para la productividad general.

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Pero eso no es todo. Lord Turner también ha sugerido otras razones responsables del aumento de la desigualdad y del bajo crecimiento de la productividad promedio.

La primera es el crecimiento de actividades de suma cero (o casi cero), algunas de las cuales no se miden en el rendimiento económico y pocas de las cuales contribuyen al bienestar social: pensemos en los grupos de lobby, en los operadores bursátiles que emplean métodos computarizados, o en los abogados tributaristas. Incluso la educación tiene un fuerte carácter de suma cero: es un bien posicional.

Además, tales actividades de suma cero están bien pagas y, por lo tanto, extraen una gran cantidad de renta. Los exitosos creadores de cuasi monopolios digitales también disfrutan de una enorme cantidad de renta. Por lo tanto, no menos importante, lo mismo sucede con los dueños de propiedades en prósperas conurbaciones. La nueva economía es, por lo tanto, el paraíso del rentista.

La segunda razón es el subregistro del valor de los servicios gratuitos. Esto es posible. Pero los servicios gratuitos como los medios sociales quizás, según él, aporten poco al bienestar. En este momento, probablemente contribuyan a la desdicha personal y la destrucción de nuestras democracias.

Ésta es, entonces, la imagen del futuro a mediano plazo: un lento crecimiento de la productividad general y una profundización de la desigualdad. Eso es incompatible con una democracia estable. Es más probable que ocurra un agravamiento de la actual política de codicia y de agravio. El resultado podría ser la plutocracia, la autocracia populista o una mezcla de ambas. Si, al final, la automatización volviera económicamente irrelevante a la humanidad, los desafíos serían aún más radicales.

Fuente: Martin Wolf / Financial Times

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