18 de Noviembre de 2017

Por qué Apple se convirtió en una empresa de lujo

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Ninguna empresa tecnológica ha resuelto el problema de la pérdida de relevancia que se produce con el paso de los años.

Como marca de lujo, Apple es la primera compañía tecnológica que tiene una oportunidad de éxito multigeneracional.

Apple (AAPL) no comenzó siendo una marca de lujo. Era simplemente la mejor apuesta en el desastroso sector del hardware. Un mundo de cables, programas complejos que demandaban asistencia técnica, acrónimos y márgenes bajos.

En sus inicios, Apple sencillamente creó una computadora más intuitiva que la de sus competidores. Las ideas de Steve Jobs sobre una presentación elegante solo atraían a un puñado de clientes, el factor decisivo fue la arquitectura de Steve Wozniak.

En aquel entonces, la empresa recurría en gran medida al cerebro de los consumidores.

Muchos de los primeros amantes de Apple eran geeks, que no estaban muy interesados en el atractivo sensual.

Sin embargo, Apple miró más allá, se fijó en el mercado del lujo y pensó: “¿Por qué no? ¿Por qué no podemos ser los mejores del sector?”.

En la década de 1980, la compañía estaba en declive. Las computadoras con Microsoft Windows y chips Intel eran más rápidas y baratas, por lo que comenzaron a ganar la partida en el órgano racional de los consumidores, el cerebro. Word y Excel se convirtieron en estándares globales.

La mayoría de los juegos se podían usar en las computadoras Intel, pero no en las de Apple.

Fue entonces cuando Apple comenzó a moverse hacia abajo por el torso: trasladó su punto de mira del cerebro al corazón y los genitales. El movimiento llegó justo a tiempo porque la compañía estaba destinada a hundirse por debajo del 10% de la cuota de mercado, de más del 90%.

La computadora Apple Macintosh, lanzada en 1984, tenía iconos atractivos y una apariencia personalizada que conquistaba el corazón. Resultó que aquella computadora incluso era amigable: hablaba. En la presentación, la computadora escribió “Hola” en su pantalla.

Los artistas podían expresarse en la Mac, crear belleza y cambiar el mundo. Entonces llegó el gran avance: la autoedición. El software de Adobe se adaptaba únicamente a la precisa pantalla de mapa de bits de Mac.

Poseer un Apple, tal y como muestra el tristemente célebre anuncio publicitario “1984”, reforzó nuestra creencia de que los usuarios de Apple NO eran un ladrillo más en la pared.

Como resultado, los empleados de mis startups y yo mismo, trabajamos durante dos décadas con productos de escasa potencia y precios elevados, solo para poder decir que pensábamos de manera diferente.

Pero no fue sexy. En aquel entonces la mayoría de las personas no se movían con sus computadoras, simplemente las colocaban en sus salones, por lo que no era nada práctico ni romántico arrastrar a sus potenciales parejas para exhibir el hardware.

Para convertirse en un verdadero artículo de lujo, la computadora debía reducir su tamaño, aprender nuevos trucos, ser más hermosa y estar más cerca de nosotros, de manera que fuera un signo de éxito que pudiéramos exhibir ante colegas, tanto en público como en privado.

La transformación comenzó con el iPod, un bloque blanco y brillante del tamaño de un naipe que nos permitía tener toda nuestra colección musical en el bolsillo.

En comparación con el resto de los reproductores mp3, todos de un embarazoso color gris, azul marino y negro, el iPod también fue un milagro tecnológico: su mayor competidor, Toshiba, apenas brindaba 128 MB de memoria, frente a los 5 GB del iPod.

Apple buscó en la industria de la electrónica una compañía dispuesta a fabricar un disco duro tan pequeño que prácticamente podía compararse con una joya.

Con el paso del tiempo, Apple eliminó la palabra “computadora” de su nombre corporativo, una señal que indicaba que el concepto formaba parte del pasado.

El futuro estaba en los dispositivos, ya fueran reproductores de música o teléfonos, que funcionaran con la misma tecnología de las computadoras. Los consumidores podrían llevar consigo o incluso usar esos productos de marca. En ese momento Apple emprendió su auténtico camino hacia el lujo.

El debut de Apple Watch en 2015 cerró el ciclo. En su presentación entró en escena una supermodelo, Christy Turlington Burns. Las cámaras se enfocaron en el público en busca de personajes famosos.

¿Y dónde compró la empresa una reseña de 17 páginas para celebrar el nuevo producto? No fue en Computer World y ni siquiera en la revista Time, como hicieron en su tiempo con Macintosh.

No, fue en Vogue, e incluyó fotos de Peter Belanger de la versión rosa-oro, que se vende por 12.000 dólares. La transformación se había completado. Apple se había convertido en la mejor marca tecnológica de lujo.

Fuente: Yahoo Finanzas

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